«Los romanos reciben el nombre de dueños del mundo, pero no tienen ni un terrón suyo». Una década después de haber participado en la destrucción de Cartago y de haber disfrutado de las mieles del triunfo, Tiberio Sempronio Graco deberá enfrentarse a un enemigo aún más duro y correoso que los púnicos. Numancia, cabeza de los belicosos celtíberos, lleva años plantando cara a Roma y Tiberio marchará a Hispania para combatir como cuestor junto con el cónsul Mancino. Solo su actuación decisiva evitará la aniquilación de las legiones, humilladas una vez más por los numantinos. Recibido como un héroe por el pueblo romano, será, sin embargo, víctima de las rencillas que emponzoñan el Senado, a menudo más acerbas que la propia guerra. Tiberio, cada vez más consciente de los problemas que azotan a su patria, atormentado por la degradación de la vida de sus conciudadanos, obligados a luchar en lejanas campañas mientras sus tierras son usurpadas por la oligarquía senatorial, pugnará como tribuno de la plebe por cambiar una Roma podrida. Una tarea para la que tendrá que maniobrar en la intrincada política romana y enfrentarse a poderosos enemigos en el Senado, dispuestos a todo para conservar sus privilegios.
HOY, MÁS QUE NUNCA, ES TIEMPO DE VOLVER A IMAGINAR
Vivimos rodeados de discursos sobre el futuro y, sin embargo, cada vez nos resulta más difícil visualizarlo de forma positiva. Del tiempo circular al progreso, de la utopía a la distopía, de la profecía a la ciencia, el concepto del futuro ha cambiado a lo largo de los siglos. Pero hoy, entre crisis superpuestas, aceleración tecnológica y narrativas catastrofistas, el mañana se ha convertido en una fuente de ansiedad más que en un horizonte de posibilidad.
Frente a la parálisis y la delegación de la imaginación en élites tecnológicas o políticas, o peor aún, quienes piensan que la única alternativa es volver de manera nostálgica a pasados que ya probaron no ser eficientes, David Alayón hace un brillante análisis para recordarnos que imaginar futuros mejores es una capacidad humana entrenable y una responsabilidad colectiva. Pero no solo eso: también nos trae una propuesta. Un plan ambicioso, una esperanza, una promesa.
Alemania, 1945. El país está en ruinas. Muchas ciudades han sido reducidas a escombros, más de la mitad de la población está desplazada, lejos de sus hogares, viviendo entre ruinas. Haber escapado de la muerte deja a algunos en un estado de apatía, mientras que a otros les proporciona una alegría de vivir sin precedentes. Los sobrevivientes del III Reich necesitan justificar su silencio o su colaboración, olvidar su pasado reciente, empezar de cero, crearse una nueva identidad, y para ello recurren a cualquier coartada: el ocio alocado, las drogas, el sexo, el trabajo a destajo, también el robo y el saqueo, hay que continuar sobreviviendo... ¿Cómo pudo surgir de este caos, en apenas una década, una sociedad exultante y una economía eficiente? Harald Jähner explica este milagro mientras compone una historia de los hábitos y las mentalidades a una escala colosal.