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TAHAFUT AL-FALASIFA. LA REFUTACION DE L.

Tras la publicación de la respuesta de Averroes en su Tahâfut al-Tahâfut (La refutación de la refutación), esta edición presenta la obra que originó aquel célebre debate: el Tahâfut al-Falâsifa (La refutación de los filósofos), compuesto por Abû Hâmid al-Ghazâlî, conocido como Algacel. Se ofrece aquí, por primera vez en español, una traducción íntegra y anotada de este texto decisivo para comprender el pensamiento islámico medieval y el trasfondo intelectual de la réplica averroísta. Escrito a finales del siglo XI, el Tahâfut al-Falâsifa constituye un examen crítico de las doctrinas metafísicas defendidas por los filósofos de herencia griega, especialmente Avicena y al-Fârâbî. Algacel analiza cuestiones centrales, como la creación o eternidad del mundo; los atributos divinos; el conocimiento de Dios; la causalidad; la naturaleza del alma, y la resurrección de los cuerpos. Su objetivo es mostrar que la especulación filosófica, cuando sobrepasa ciertos límites y pretende resolver por sí sola los problemas últimos de la fe, incurre en contradicciones que afectan a los fundamentos de la religión revelada. El texto funciona también como una advertencia contra quienes, deslumbrados por la lógica y el prestigio de los sabios antiguos, adoptan sin examen crítico doctrinas ajenas al marco teológico del islam.
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TALLEYRAND

«Noble como Maquiavelo, sacerdote como Gondi, secularizado como Fouché, ingenioso como Voltaire y cojo como el diablo». Víctor Hugo, sobre Talleyrand Personalidad enigmática y fascinante, con una formación eclesiástica que lo lanzó a las alturas de la Iglesia francesa, cuando tuvo la ocasión no tardó en trabar amistad con un joven Bonaparte, en el cual creyó ver el ejecutor de sus ideas y deseos para Francia: poner fin a la Revolución, reforzar el Estado, recrear una monarquía, y reconstruir el país y su economía en el marco de una Europa pacificada. Sin embargo, su alumno resultó más díscolo de lo que imaginaba. Talleyrand, cuya ingente fortuna personal sabía muy ligada a la suerte del que había pasado a ser Emperador de los franceses, trató de pararle los pies hasta que las invasiones de España y Rusia acabaron con su relación. Su figura ha sido objeto de enconados enfrentamientos: las derechas lo odiaban por «traidor» a la Iglesia, a un emperador y a tres reyes, y las izquierdas lo veían como un fósil de la aristocracia y un plutócrata. Amigo de la broma y la mixtificación, vivió «ocultándose» como algunos filósofos antiguos, y ello se nota en sus memorias. En ellas, soberbiamente escritas, miente poco, pero calla mucho. Roca-Ferrer arroja nueva luz sobre la vida del viejo aristócrata, que entendió como nadie los conflictos de su época. Se dio cuenta de que la irrupción del pueblo en el gran teatro del mundo iba a cambiar la historia, e hizo entrar en ella principios como los de la soberanía del pueblo, la legitimidad, la no intervención o la neutralidad.
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TE DESEO LA FELICIDAD (BOL)

«Ten valor para ser feliz». El pontífice nos propone en estas páginas quince pasos concretos para alcanzar la felicidad, pero no se trata de la que nos ofrece el mundo, sino de aquella permanente y eterna que viene de Dios. «El camino de Jesús siempre conduce a la felicidad. Siempre». Como él mismo explica: «Hemos sido creados para una felicidad más grande», y a través de sus palabras nos anima a salir de nuestra zona de confort, de miedo, de tristeza, para soñar en grande, para vivir plenamente nuestra vida aprendiendo a levantarnos tras los fracasos y a caminar de la mano de los demás: «En el arte de caminar lo que importa no es no caer, sino saber levantarse». Es un libro en el que no solamente se combinan distintos mensajes del papa Francisco a lo largo de los años sobre lo que es la verdadera felicidad, sino que estos se intercalan con citas de los libros, autores y películas que han marcado su vida, entre ellos, san Agustín, Chesterton, Dostoievski, san Juan de la Cruz, Tolkien, Octavio Paz y muchos más. Además, nos invita a adentrarnos en las bienaventuranzas para salir de nosotros mismos y vivir en comunidad y para los demás, para atrevernos a ser más, para tener el valor de ir a contracorriente, de no darnos por vencidos y de no caer en quimeras que nos llevan hacia una falsa felicidad: «No tengáis miedo de arriesgaros, sino de vivir paralizados».
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