Por primera vez en la historia jurídica dominicana, una clínica, un hospital o un laboratorio puede ser penalmente responsable. El artículo 8 de la Ley núm. 74-25 traslada el eje de la responsabilidad desde la culpa individual del médico hacia la entidad sanitaria que omitió sus deberes de dirección, control y supervisión. La pregunta deja de ser quién falló, para convertirse en qué hizo la institución para prevenirlo,
Esta obra traza, paso a paso, cómo construir el programa de prevención que la ley exige y que puede operar como eximente o atenuante de la pena. Analiza de forma literal los cuatro elementos del artículo 8, recorre la evolución internacional del cumplimiento penal —de la FCPA estadounidense a los modelos italiano y españoly aterriza cada componente en la realidad operativa de la salud dominicana: emergencias, quirófano, farmacia, facturación a las ARS, laboratorio y datos de pacientes.
Concebida para directivos de centros de salud, responsables de cumplimiento, juristas y académicos, conjuga el rigor doctrinal con un método práctico de levantamiento y adaptación. No es un recetario de formularios: es la hoja de ruta para transformar plantillas en un programa de cumplimiento real, idóneo y verificable.
¿Qué pasaría si un día, de repente, el planeta en el que vivimos nos pareciera tan siniestro como extraño, como si nos hubieran teletransportado a un planeta lejano? Ese aterrador futuro ya es nuestro presente. La hidrosfera, que sustenta toda la vida del planeta, se está revelando ante el calentamiento global: nos enfrentamos a diluvios primaverales casi bíblicos, sequías devastadoras, olas de calor, incendios forestales y mortíferos huracanes y tifones otoñales que causan estragos en los ecosistemas y en la sociedad.
Durante demasiado tiempo hemos juzgado erróneamente la naturaleza misma de nuestra existencia y sobre lo que se sustenta. Hemos creído que vivíamos en un planeta de tierra, cuando la realidad es que vivimos en un planeta de agua, y ahora la hidrosfera del planeta se está resilvestrando en medio de un clima que no deja de cambiar, y está llevando a nuestra especie, así como a todas las demás, a una extinción masiva en su búsqueda de un nuevo equilibrio.
A lo largo de últimas décadas, la producción y el consumo de plástico han aumentado de una manera imparable, y esta situación se ha visto agravada a causa de la pandemia mundial de covid-19. En la actualidad, las toneladas de envases y bolsas realizados con plásticos de un solo uso acumuladas en los vertederos es tan elevada que supone un problema medioambiental inmanejable. Hay plásticos que no se pueden reutilizar y solo disolviendo su estructura, a través de calor y abrasión, es posible reciclar sus componentes; pero este proceso tiene grandes riesgos para la salud debido a la emisión de micropartículas que terminan en el aire que respiramos. Esto lo saben las empresas que producen plástico y las distribuidoras que lo utilizan, pero no parece importarles. Mediante campañas de desinformación tejidas de manera irresponsable por dichas empresas y sus lobbies pertinaces, el plástico se ha introducido progresivamente en la economía productiva.