Existe una conocida historia sobre un pez adulto que nada junto a dos peces más jóvenes y les pregunta: «¿Cómo está el agua?». Los peces pequeños se quedan perplejos. «¿Qué es el agua?», preguntan. Muchos de nosotros podríamos hacernos hoy una pregunta similar: ¿qué es la tecnología? La tecnología define el mundo en que vivimos, pero estamos tan inmersos en ella, tan rodeados por ella, que casi siempre la damos por sentada. Durante buena parte de la historia de la humanidad ha existido un conflicto entre las personas y sus herramientas. Desde el alfabeto hasta el reloj, cada nueva tecnología ha representado una especie de trastorno. Si este cambio ha sido para bien o para mal es a menudo una pregunta que solo se planteaba a posteriori, si es que se planteaba. Es por este motivo que pocas veces, o ninguna, nos paramos a preguntar qué es la tecnología.
Este libro reúne un conjunto de reflexiones públicas y privadas de Alexéi Navalni, el político ruso fallecido el 16 de febrero de 2024 en las cárceles siberianas de Putin. Desde entrevistas concedidas a Der Spiegel, Time y The New York Times a intervenciones pronunciadas en las salas de tribunales durante innumerables juicios; desde cartas escritas en la cárcel a publicaciones en diversas redes sociales, estos escritos dan cuenta de la maduración política y espiritual de Navalni. Una trayectoria que abarca el nacionalismo inicial del que surgió a la lucha por la democracia liberal y contra la corrupción, y desemboca en los últimos y dramáticos años de prisión, donde emerge la figura de un disidente de una profundidad sorprendente: un hombre dispuesto a morir por sus convicciones, por lo que cree, a favor de la libertad, la verdad y la belleza futura de Rusia. Un camino de conciencia libre, contra el miedo y el odio materializados en los regímenes totalitarios.
Los primeros en atribuir una figura a Noé a partir de las sobrias palabras del Génesis lo imaginaron envejecido, barbudo y tan fiero con sus congéneres como sumiso con la divinidad. Pero también fue descrito y pintado borracho y desnudo, aunque, antes de exhibirlo, la Biblia lo muestra en doce escenas simbólicas: de rodillas, obedeciendo a su creador; armando un recipiente que podría evitarle la muerte; construyendo un edificio para salvar a ciertas criaturas elegidas; posando con su familia; embarcando especies zoológicas en un artefacto; flotando a la deriva; navegando durante el diluvio universal; asomándose a una ventana a la espera de una paloma; desembarcando en la cima de una montaña oriental; sacrificando en el fuego a los animales que sobrevivieron a la inundación; embriagándose con el vino recién descubierto, y durmiendo la borrachera a la sombra de su guarida.
Ninguno de estos sucesos es extraño en el repertorio de las escenas míticas fundacionales. Lo que sí es verdaderamente sorprendente es que el Arca no parece una embarcación, sino un edificio: una Casa que los defiende del Diluvio y, desde entonces, los protege de las inclemencias y posterga la muerte. Por tanto, Noé fue un arquitecto, heredero de Caín y precursor de quien ideó la célebre Torre de Babel. No un armador, ni un navegante, ni siquiera un profeta, sino el primer arquitecto que proyectó una gran residencia en la Tierra. De este modo, el Arca, como evidencia Noé en imágenes y señala su subtítulo, es la más eficaz y necesaria arquitectura contra toda catástrofe.