Era famosa la reticencia del escritor Milan Kundera a explayarse sobre su existencia («Olvidad mi vida, ¡abrid mis libros!») o dar explicaciones sobre su producción literaria; también, su renuncia, a partir de los años ochenta, a conceder cualquier tipo de entrevista a los medios de comunicación. Sin embargo, la estrecha amistad del matrimonio Kundera con la escritora y periodista cultural Florence Noiville permitió a ésta enhebrar, más que un denso ensayo biográfico, un retrato intimista y fascinante, una suerte de paseo a lo largo de sus recuerdos y anécdotas, una excusa para detenerse en alguna ciudad importante, comentar una fotografía, un dibujo o una determinada composición musical. A partir de largas conversaciones en cafés, charlas en su apartamento parisino y de un esclarecedor viaje a la Moravia natal de Kundera, Noville nos presenta a un Kundera irónico y lúcido, y sobre todo nos invita a (re)descubrir a uno de los mayores escritores del siglo xx, un autor que con sus novelas y ensayos ridiculizó las utopías e ideologías y nos hizo reflexionar sobre las pasiones que alimentan nuestros sueños y nuestras mentiras.
Este libro es una investigación sobre el miedo, la rigidez y el moralismo, y los modos en los que estos afectos han echado raíces en los movimientos de liberación. Es también una propuesta para volver a recuperar la ternura y la vulnerabilidad en el compromiso militante, sin por ello renunciar a la responsabilidad y a la tenacidad que este requiere.
¿Por qué los movimientos y espacios radicales cargan, en tantas ocasiones, con estos sentimientos y actitudes de miedo, ansiedad, sospecha, rigidez y competencia? Montgomery y bergman llaman a este fenómeno «radicalismo rígido». Con este término dan nombre a las formas congeladas y tóxicas de relación que se han infiltrado en los movimientos sociales. El resultado es una autoexploración de los bloqueos culturales y subjetivos; y al mismo tiempo un llamamiento a salir de la espiral de tristeza e involución que tan frecuentemente degenera en la competencia por el juicio político correcto. De hecho, este libro es una apuesta por una militancia alegre en el sentido de Spinoza en su teoría de los afectos: la alegría como un aumento de las potencias individuales y colectivas.
Vigilando el ascenso de la extrema derecha y admirando la sexualidad, ojeando unas páginas de poética francesa o contemplando el diseño de interiores, viendo las narraciones del cine y descubriendo el espíritu de la infancia, escrutando los discursos y creencias de la astrología o atisbando el trasiego en los hoteles: siempre que Theodor W. Adorno dirige su mirada hacia cualquier arista de la realidad, consigue transformarla, destilando de ella un pequeño fragmento con el que poner en marcha el pensamiento.
En Minima moralia, texto a medio camino entre el ensayo y lo literario, Adorno nos enseña su lúcida escritura, en la que el pensar resulta indisoluble del vivir, y nos desvela su mejor y más elevado legado crítico: el arte de resistir.