Desde la antigüedad greco-egipcia y durante muchos siglos, se atribuyó a Hermes Trismegisto una revelación filosófica y un mensaje espiritual trascendental. Como un profeta pagano, algunos hombres del Renacimiento creyeron reconocer en él al padre de una sabiduría primordial e inmemorial muy anterior al cristianismo. La autora reconstruye en este libro la identidad polimorfa de Hermes, el mensajero divino, y pone de manifiesto la importancia de hermetismo en la historia de pensamiento occidental. Una pormenorizada introducción de los diferentes aspectos del pensamiento hermético, su historia y la influencia que este ha tenido en grandes mentes de la filosofía, las ciencias y la literatura.
Un relato íntimo cargado de lúcidas reflexiones sobre lo que significa envejecer.
Actualmente cumplir años se ha convertido en una desgracia o, como mínimo, en un proceso que la sociedad rechaza y silencia. Frente a esta realidad, esta hermosa obra nos revela no solo los estereotipos y prejuicios que rodean la edad madura, sino el valor que pueden tener el sentimiento de finitud y la experiencia de lo vivido.
Entremezclando experiencias personales, anécdotas y referencias a autores como Herman Hesse, Annie Ernaux, Elias Canetti, Marguerite Duras, Virginia Woolf, Roland Barthes y un largo etcétera, este libro nos muestra que, si sumar años está visto como una fatalidad, saber envejecer es una posibilidad e incluso un privilegio. No hay duda de que la vejez supone una aceptación, tal vez un desdoblamiento de uno mismo —te ves distinto de lo que has sido—, pero esta aceptación pasa por mantener el deseo de vivir.
La viajera de noche no es una guía para envejecer bien, es un grito contra la invisibilidad y el rechazo a los que se exponen los viejos y, sobre todo, las viejas, así como una invitación a oponerse a la exigencia de la sociedad contemporánea de que nos hagamos mayores en silencio y de forma disimulada. Como dijo Simone de Beauvoir: «La vejez es una cuestión de civilización. ¡Continuemos con la batalla!».