UN VIVO FRESCO HISTÓRICO SOBRE LA VIDA DE LOS CIUDADANOS DE UN IMPERIO.
A principios del siglo II d. C., Roma era el centro del mundo occidental. Allí eran evidentes el esplendor, el lujo y la belleza, pero también los aspectos más desagradables de la vida en una gran urbe. En esta gran obra, que marcó un antes y un después en los estudios latinistas, Jérôme Carcopino consigue trasladarnos a la Ciudad Eterna para vivir una jornada habitual y conocer, por un lado, a sus gentes, sus olores, sus sonidos y sus espacios familiares; y, por otro, su empleo del tiempo, tanto funcional como de ocio.
Para esta lúcida y apasionada reconstrucción de un momento histórico, Carcopino se apoya en autores clásicos de la época, como Petronio, Juvenal, Marcial o Plinio el Joven, además de infinidad de inscripciones arqueológicas y textos de todo tipo escritos entre los siglos I y II. El resultado es uno de los retratos más realistas que se han hecho de Roma.
"La vida de un sabio" es una obra profundamente reflexiva que invita al lector a embarcarse en un viaje hacia la sabiduría interior. A través de experiencias personales y enseñanzas universales, este libro explora cómo los errores, los fracasos y los momentos de adversidad pueden transformarse en herramientas para el crecimiento personal y la superación.
Con un enfoque auténtico y motivador, el autor comparte las lecciones que lo llevaron a convertir los obstáculos en oportunidades, las dudas en convicciones y los sufrimientos en inspiración. El libro busca despertar en el lector la certeza de que el cambio, el éxito y la felicidad están al alcance de todos, siempre y cuando se decida enfrentar la vida con fe, propósito y un deseo constante de aprender.
Javier Varela sigue en estas páginas el polemico itinerario del escritor y periodista, desde sus inicios en el ultraísmo y la bohemia literaria hasta su consagración como uno de los cronistas más prestigiosos del siglo XX, al principio en la órbita liberal y despues como adalid de las derechas antirrepublicanas. Corresponsal en Berlín (1933) y Roma (1936-1940), el periodista vivió en el París ocupado por los alemanes (1940-1943) y esa etapa, en la que se dedicó a la intermediación de falsificaciones de obras de arte y otros tráficos heterodoxos, señala el momento más oscuro de su trayectoria. De vuelta a España, en Sitges, tuvo que afrontar el veto de las autoridades oficiales y un proceso de depuración en Francia, pero una vez instalado en Madrid reanudó su carrera como uno de los periodistas más populares entre los años cuarenta y sesenta, colaborador en los principales diarios del momento.