El amotinamiento corrió como un reguero de pólvora por los buques de guerra de madera durante la Era de las Revoluciones. Mientras por toda Europa los comuneros asediaban a la nobleza y los trabajadores esclavizados incendiaban las islas-plantación, en los océanos, decenas de miles de marinos de guerra apuntaban sus armas al alcázar y derrocaban el gobierno absoluto de los capitanes. A comienzos de la década de 1800, entre un tercio y la mitad de todos los marineros que prestaban servicio en el Atlántico Norte habían participado en al menos un motín, muchos de ellos en varios, y algunos incluso en navíos de diferentes armadas.En Bandera de sangre, el historiador Niklas Frykman relata con una vibrante prosa, cómo una década de conflictos violentos a bordo dio origen a una forma distinta de radicalidad política que aunaba la cultura igualitaria de las comunidades marítimas del Atlántico Norte con el republicanismo constitucional de la era revolucionaria. El intento de establecer una república marítima radical fracasó, pero la bandera roja que ondeaba en los mástiles de los buques amotinados sobrevivió hasta convertirse en el símbolo más duradero de la lucha de clases, la justicia económica y la libertad republicana hasta nuestros días.
El relato de la mayor campaña de la Segunda Guerra Mundial
El 22 de junio de 1941, más de tres millones de soldados alemanes cruzaron la frontera soviética en la mayor ofensiva militar de todos los tiempos. En pocos meses, las fuerzas del Eje avanzaron hasta las puertas de Moscú, mientras millones de personas se vieron atrapadas en una espiral de destrucción sin precedentes. Batallas como Minsk, Kiev, Moscú o el sitio de Leningrado convirtieron el frente en un escenario de muerte y devastación a una escala nunca vista: había comenzado la guerra absoluta.
Con un pulso narrativo magistral, los historiadores Jean Lopez y Lasha Otkhmezuri, dos de los mayores especialistas mundiales en el frente oriental, reconstruyen todos los niveles de la campaña: desde las decisiones políticas en Berlín y Moscú hasta la propaganda, las disputas entre mandos, la retaguardia y el infierno del frente y la ocupación. Para ello han recurrido a una monumental base de fuentes, muchas inéditas (archivos rusos, alemanes y occidentales, correspondencia, memorias y estudios soviéticos desclasificados), que revelan una cantidad asombrosa de información hasta ahora desconocida.
Fruto de quince años de investigación, Barbarroja 1941 es la obra definitiva sobre la invasión alemana de la Unión Soviética. Una historia total de la campaña más brutal de la Segunda Guerra Mundial.
Espacios mágicos y rituales, laboratorios de la cultura y de la tecnica, los pasajes permiten pensar el gran texto urbano desde sus notas a pie de página. En Barcelona hay cerca de cuatrocientos. Algunos son caminos que conducen a un pasado rural; otros, pasadizos proletarios o callejones de chabolas que hablan de la metrópolis fabril y del franquismo; los más famosos tienen forma de intersecciones ajardinadas y de galerías burguesas del siglo XIX; los más recientes están en polígonos industriales o acogen casas con piscina y restaurantes para turistas.