Una investigación sobre nuestra persistente fascinación por el nazismo y el desmoronamiento del consenso moral de posguerra
Durante casi dos mil años, la vida de Jesucristo ha sido nuestra brújula ética, un imponente modelo de virtud que nos mostraba la diferencia entre el bien y el mal. Pero el siglo XX trajo consigo una nueva referencia moral. A raíz de la Segunda Guerra Mundial, Hitler se convirtió en el símbolo del Mal con mayúsculas, la némesis por antonomasia. Ocho décadas después, seguimos obsesionados con su figura: Hitler y el nazismo siempre están ahí, moldeando cómo pensamos y evaluamos la realidad.
"En un mundo arrasado por el ruido y los discursos polarizados, transformar eficazmente el lenguaje de la política tradicional es imprescindible para la cohesión social y la vida democrática. El libro es un alegato a favor del relato político y de la necesidad de construir narrativas de cohesión social en tiempos de odio, polarización extrema y ansiedad colectiva".
De entre los diferentes fantasmas que acechan el Estado de Derecho y las democracias, la fragmentación política se erige como uno de los más significativos en nuestro actual panorama. Es muy normal escuchar con asiduidad en los medios de comunicación sobre la deriva fragmentada que ha tomado la esfera política de nuestro país y de otros países vecinos. Políticos, juristas, académicos, expertos debaten sobre cuáles han sido los condicionantes que nos han llevado hasta aquí y cuáles son las consecuencias de esta situación. Todo ello se encuadra dentro de la trayectoria que desarrollan los partidos políticos como eje central de nuestra organización constitucional. Ya desde finales del siglo XIX, el protagonismo de los partidos fue palpable y éste no ha dejado de aumentar a lo largo de las décadas y de los siglos. Ni siquiera la irrupción del 15-M y la aparición de las «nuevas» formaciones políticas acabó con el sistema de partidos heredado del Estado social de Derecho. La influencia de éstos irradia no sólo el itinerario de las instituciones del Estado sino también el día a día de la ciudadanía. Por eso, es indispensable conocer cómo funcionan y cómo actúan estas asociaciones para poder entender la fragmentación política. De ahí que esta obra se dedique, en primer lugar, a profundizar en cómo todas estas cuestiones afectan al poder judicial, a la Unión Europea o a las minorías parlamentarias, en definitiva, al propio concepto de Estado de Derecho y al concepto de democracia. Todo ello para adentrarse después en el análisis de la ley de partidos políticos que se aprobó en España en el año 2002, hace más de veinte años, y que introdujo importantes novedades en nuestro país.