Hágase la luz es prueba de que las mejores historias nunca mueren. En esta atrevida reescritura del Génesis, Dios es una mujer, no es perfecta y, como suele ocurrir, a veces duda de sí misma. También se siente sola. ¿Qué significa ser humano?, ¿cuál es nuestro propósito?, ¿cómo debemos tratarnos los unos a los otros? Las grandes preguntas de la Torá y del Antiguo Testamento aún son las nuestras
Las ideas y tesis de Hannah Arendt se siguen debatiendo en todos los continentes. La «banalidad del mal», el «pensamiento sin barandillas» o los «elementos y orígenes del totalitarismo» se han convertido en expresiones reconocibles globalmente, y los grandes acontecimientos de la historia contemporánea, desde la caída del Muro de Berlín hasta la guerra contra Ucrania, se comentan a menudo con ayuda de las ideas de Hannah Arendt. Pero, ¿cómo pudo ella ejercer tal influencia?
Tanto en su vida como en su obra, Arendt siempre quiso estar «totalmente presente». En esta obra, el historiador de ideas y biógrafo de Arendt, Thomas Meyer, recorre en este volumen las etapas de la vida de la filósofa, desde Königsberg hasta París y Nueva York, y las vincula estrechamente con los escritos de Arendt. Presentando sus obras más importantes de una forma muy concisa, Meyer las analiza como comentarios sobre la historia contemporánea. Es esta consistencia la que hace que Hannah Arendt resulte tan atractiva para los contemporáneos del siglo XXI.
Escribir una carta, o recibirla, es indicio de que todavía palpita un deseo consciente de preocuparse por los acontecimientos y de interesarse por las personas que tendrán que sobrevivirlos a nuestro mismo lado de la historia.
Las cartas de Arendt a sus amigos son un intento de definir la amistad entre seres humanos capaces de reconocer y de asumir su parte de responsabilidad en la conformación de la historia.
En este ensayo, Olga Amarís se adentra en la escritura de la Arendt más íntima, aquella que se muestra desde sus distintos prismas, como amante, como amiga, como confesora, como discípula… para comprobar de qué forma su obra filosófica y política resultan inseparables de la vida que las concibió.
De este modo, el género epistolar -entendido como aquel refugio en el que el pensamiento se exilia para poder encontrase con el otro- le permite a Amarís descubrir de qué modo la comunicación con los amigos condiciona y transforma el desarrollo de la obra arendtiana, constituyendo por otro lado, un auténtico ensayo de comprensión de la realidad de su tiempo.