Armado de atención y espíritu crítico, Manuel Cruz desenmaraña en esta obra las últimas corrientes filosóficas.
El libro abarca desde la tradición analítica, la marxista y la hermenéutico-fenomenológica hasta las últimas tendencias, representadas por el empirismo, el pragmatismo, el estructuralismo y el postestructuralismo. Este análisis profundiza en el pensamiento de los filósofos más importantes de los últimos tiempos. El libro dedica también un capítulo a Ortega y Gasset.
Entender el presente no equivale a entender la actualidad sino a intentar acceder a las líneas de fuerza, a los vectores profundos que recorren nuestra contemporaneidad. Esta obra nos propone una pesquisa en busca de ese orden.
La casa es el acontecimiento moral por excelencia. Antes de ser un artefacto arquitectónico es un artefacto psíquico que nos hace vivir mejor de lo que la naturaleza nos permitiría. Es el esfuerzo por adaptarnos a nuestro entorno y viceversa, una forma de domesticación mutua entre las cosas y las personas. Es la prolongación de lo que empezamos a hacer cuando nacemos: construir una intimidad con cuanto nos rodea. Por eso coincide con el «yo», y nos muestra que para decir «yo» necesitamos a los otros.
A partir de su experiencia en las treinta mudanzas que ha realizado a lo largo de su vida, el autor combina distintas disciplinas para analizar temas aparentemente cotidianos, como la configuración de la cocina, las camas, los pasillos e incluso los cuartos de baño, pero que, sin embargo, constituyen el telón de fondo de cuestiones fundamentales como la crianza, el sexo o los cuidados. Un heteróclito conjunto de conocimientos e historias que, con un brillante y muy personal estilo, nos orientan, en definitiva, hacia cómo ser felices, aquí y ahora, junto a los demás
¿Qué tiene la música que nos conecta de forma tan profunda con los demás? Alfred Schutz, uno de los grandes nombres de la sociología del siglo XX, tenía una respuesta sorprendente. Aunque es conocido por su trabajo en teoría social y filosofía, Schutz también dedicó parte de su vida a pensar la música como una experiencia única que nos une, que nos pone en sintonía unos con otros, incluso sin palabras.