Viktor E. Frankl, cuya primera crisis existencial le sobreviene a una edad tan temprana como la que tenía Mozart cuando compuso su primer minué, fue incapaz de no dejar su impronta en el siglo XX: el siglo del replanteamiento de todos los valores, de la vertiginosa aceleración de todos los procesos y de la decadencia de las costumbres sometidas a una constante manipulación cotidiana.
Con una extraordinaria capacidad de percepción, Frankl dedicó su vida exclusivamente a un pensamiento fundamental que, antes de él, parecía innecesario: que la vida tiene un sentido y que dicho sentido no es una imaginación nuestra, sino que realmente existe. Podemos, pues, aplicar a Frankl la famosa frase de Goethe: «En el principio era el sentido».
Durante veinte siglos la Iglesia católica no solo ha sobrevivido, sino que ha ido configurando buena parte de la historia mundial. En las décadas posteriores al Concilio Vaticano II, tres papas han llevado adelante este legado, esforzándose por liderar a la Iglesia y a su órgano de gobierno (la última monarquía absoluta de Occidente) para introducirlo en el mundo moderno. En este libro, la conocida diplomática, abogada y profesora de Harvard contempla con mirada original los papados de Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco y analiza su intervención en acontecimientos clave en la historia reciente. Ellos introducen a la Iglesia en el tercer milenio, y lo hacen pidiendo perdón por los abusos del clero y promoviendo una nueva posición de la mujer. Glendon ilumina los problemas que irritan a la Iglesia hoy: el lugar de la fe en la política secular, la relación con otras religiones, el clericalismo y el poder de los laicos, y la corrupción en el Banco del Vaticano y dentro de la Curia Romana. Glendon ofrece un análisis único sobre el funcionamiento interno de la Santa Sede, mostrando a los lectores que, a pesar de sus errores, la Iglesia católica es una comunidad viva que respira. Detrás de las doctrinas, políticas e instituciones de la Iglesia se encuentran personas, aspiraciones y relaciones que aún prometen transformar vidas.
¿Cómo pudieron los nazis cometer los crímenes que cometieron? ¿Por qué los comandantes de los campos de concentración y exterminio supervisaron de buen grado —a menudo con entusiasmo— los asesinatos en masa? ¿Cómo pudieron los alemanes de a pie tolerar la eliminación de los judíos?