Es necesario «domar» las emociones para luego reconocerlas, transformando los límites en recursos sumamente poderosos y construyendo una alianza entre inteligencia e instinto, razón y sentimiento, cálculo y emoción. Desde siempre, las dinámicas emocionales han sido centro de la atención de artistas, filósofos y hombres de fe. Los científicos, por su parte, han cultivado la ilusión de un saber puramente racional y objetivo, no contaminado por las pasiones y los sentimientos, sobre la base del mito que considera los procesos cognitivos como «superiores» al mundo de las emociones. Para evitar esta visión utilitarista y reduccionista que el biologismo tiene de las emociones, Giorgio Nardone nos propone en este libro abordarlas como una exploración de la complejidad de lo real y de la interacción psicológica entre nosotros y el mundo. De esta forma, cuando el miedo, el dolor, la ira o el placer adoptan maneras disfuncionales que impiden el desarrollo de la vida diaria, el autor plantea un enfoque terapéutico de tipo estratégico y orientado al cambio.
Los dos escritos de Romain Rolland aquí editados, Empédocles de Agrigento (1918) y El relámpago de Spinoza (1924), fueron publicados de manera conjunta en 1931. La unidad temática de ambos textos justifica este criterio integrador, que es el que sigue Pilar Benito Olalla, responsable de una traducción novedosa y muy cuidada.
Los dos textos de Rolland sobre estos memorables filósofos, Empédocles y Spinoza, coinciden en la apropiación entusiasta, ardorosa, de obras que trascienden la contingencia histórica para mostrar su valor y resonancia en la actualidad.
Surge así un deslumbrante juego hermenéutico en el que es una aproximación individual como la de Rolland, marcada por una potente subjetividad, la que desvela aspectos esenciales, hasta ahora ocultos, de la obra de estos autores. Comparece ante el lector una armónica tríada de voces rotundas: la fecunda impronta filosófica de Empédocles y Spinoza, y el peculiar sello lite- rario de Rolland.
Descubre el poder y la influencia de tres mujeres extraordinarias que desafiaron las convenciones de su tiempo y marcaron el destino del Imperio romano.
Livia, Julia Domna y Gala Placidia fueron tres mujeres excepcionales en la historia de Roma. Livia, esposa del emperador Augusto, fue su consejera más cercana e influyó en decisiones cruciales, facilitando la sucesión de su hijo Tiberio. Julia Domna, esposa de Septimio Severo, destacó por su vasta cultura y carisma, influyendo en la administración del poder y promoviendo un renacimiento cultural en el Imperio. Gala Placidia, hija de Teodosio I, vivió durante las invasiones bárbaras, primero como reina de los visigodos y luego como esposa del emperador Constancio III. Como regente de su hijo Valentiniano III, gobernó con astucia, manteniendo la unidad del Imperio. Estas emperatrices simbolizan diferentes etapas de la historia romana y demuestran que las mujeres desempeñaron un papel político decisivo en el destino de Roma.