Desde 2018, cuándo Miguel Díaz-Canel asumió la presidencia para sustituir a Raúl Castro, Cuba ha entrado en la postrevolución. El cambio generacional y el fin del Castrismo marca un antes y después en la Isla. Las protestas ciudadanas del 11 de julio de 2021 señalaron una creciente "latinoamericanización" de Cuba y el fin de los logros sociales de la Revolución que está entrando en su última fase. No obstante, la transición democrática sigue bloqueada, entre otros por el longevo embargo de EE.UU. Este libro, escrito por un grupo de autores y autoras de Europa y Cuba, analiza, desde un enfoque multidisciplinar, la situación política, económica, social e internacional de la Isla para desarrollar y discutir diferentes escenarios de futuro.
La democracia, tan desafiada actualmente, es una de las cosas cuya consolidación y mejora no sabemos exactamente qué nos está requiriendo: ¿indignación ante sus enemigos o serenidad confiada en su resistencia? ¿Son debidos sus males a la incompetencia de los dirigentes o a la estupidez de las masas? ¿Hasta qué punto podemos confiar en quienes aseguran defenderla? La historia de la democracia ha estado siempre acompañada por ese tipo de dilemas, lo cual parece indicarnos mucho acerca de su naturaleza, de ese equilibrio inestable en el que se articulan y renegocian los principios que la caracterizan. En este libro no hablo de su agitada historia sino de su incierto porvenir. Si la democracia es una forma de gobierno abierta al cuestionamiento y la renegociación de lo que se daba por establecido, la reflexión acerca de ella no está menos obligada a revisar sus conceptos, prácticas y previsiones.
Por mucha propaganda negruzca y viscosa que las compañías petrolíferas quieran verter sobre nosotros, la crisis climática no es un problema de «huellas de carbono» individuales ni de grandes soluciones tecnocientíficas: en realidad, la responsabilidad del calentamiento global arraiga en una ínfima minoría capitalista. De hecho, el último gran estudio al respecto demuestra que solo 100 empresas son responsables del 70 % de las emisiones globales desde 1988. Inaudito, ¿verdad? Pero real. Esas empresas están poniendo en gravísimo riesgo la vida de toda la humanidad y del planeta: han expropiado nuestra atmósfera, nuestros medios de supervivencia y nuestro futuro común. Por supuesto, son ellas quienes poseen, controlan y se benefician en gran medida de la producción material que da lugar a dichas emisiones, pues no nos engañemos más: el poder de la economía no está disperso entre los consumidores, es la producción (estratégicamente deslocalizada y oculta a nuestros ojos) la que en secreto limita y dicta el consumo. Y la única forma de cambiar ese modelo y sus devastadoras consecuencias será mediante una lucha.