Este libro, innovador y necesario, reúne por primera vez todo ese conocimiento en un texto accesible y estimulante. Esta inmersión en el TDAH -una combinación de experiencia personal y mirada experta- tiene el poder de cambiarte la vida. Si alguna vez te has preguntado por qué se te olvidan las citas importantes, cómo puedes pasar en treinta segundos de estar superconcentrado a perderte en YouTube, o por qué la gente camina tan despacio… este libro, directo y sin filtros, es para ti.
Escrito con la vulnerabilidad tan genuina que caracteriza a Alex, Ahora todo tiene sentido reúne lo esencial de todo lo que necesitas saber: desde cómo criar a un niño con TDAH (o hacerlo siendo tú quien lo tiene), hasta cómo cuidar tu salud mental, tus finanzas… e incluso tu lista de la compra. Pero, sobre todo, celebra las oportunidades, puntos fuertes, habilidades únicas y rasgos positivos que aporta el TDAH, para recordarte que NO estás enfermo. Y que eres valioso tal y como eres.
El tema central de esta importante obra jungiana es la representación simbólica de la totalidad psíquica mediante el concepto del sí-mismo, cuyo equivalente histórico y tradicional es la figura de Cristo. Jung demuestra su tesis investigando las Allegoriae Christi, especialmente el simbolismo del pez y los símbolos gnósticos y alquímicos, que considera fenómenos de asimilación cultural. Los capítulos sobre el yo, la sombra y el animus y el ánima constituyen una valiosa integración de los conceptos claves del sistema junguiano.
En 1932, la música, como las demás disciplinas artísticas, fue reducida a una única doctrina: la del realismo socialista. La finalidad del arte era servir al Estado. Los músicos tuvieron que someterse a la línea ideológica del partido. Algunos la sortearon como pudieron; otros, sin embargo, no se doblegaron, y sus obras fueron prohibidas, sus conciertos cancelados y ellos relegados al olvido. Eso sucedía en el mejor de los casos, porque en el peor se los destinaba a campos de trabajo en Siberia o simplemente eran ejecutados. Músicos de la altura de Dmitri Shostakóvich y Serguéi Prokófiev e intérpretes de fama internacional como Mstislav Rostropóvich, Sviatoslav Richter, David Oistrakh, Leonid Kogan y Mariya Yúdina fueron capaces de crear melodías sublimes en las circunstancias más hostiles y oscuras. Pero esa política represora no sólo se circunscribió a la música clásica. La Asociación Rusa de Músicos Proletarios (RAPM) se ocupó también de la música ligera. Era conocida la afición de Stalin por ese tipo de música, así que, en consecuencia, la represión fue menor que en la música y la literatura clásicas. Pero, con todo y con eso, los intérpretes no podían bajar la guardia.