El Enjambre es el testimonio de una generación que anhelaba la libertad durante la Transición y que destaca no solo por el retrato histórico, sino por las lecciones humanas. Medina no ofrece un análisis político, sino un relato lleno de vida, con el aroma de las calles, conversaciones de bares y profundas reflexiones. Un relato íntimo y conmovedor lleno de lecciones humanas que trascienden el tiempo, mostrando cómo la voluntad decidida puede superar cualquier obstáculo.
«La reencarnación de un texto en palabras que no son las originales es quizá una de las más eficaces pruebas del poder creativo del lector. La traducción es la forma más profunda y minuciosa de lectura. Penetrar en un texto, desmontarlo, reconstruirlo con frases que obedecen a las expectativas de otros oídos y de otros ojos es darle nueva vida. De esa manera, el texto se vuelve ahora más consciente de sus engranajes y de su deuda con el azar y el placer. Por eso elijo hablar aquí de traducción a partir de fragmentos que el propio original desatiende, o rechaza, o de los que se avergüenza; todo aquello que queda expuesto (como dice Don Quijote) en el caótico envés de un tapiz.» (Alberto Manguel).
Todo comenzó en 1954, cuando Washington decidió derrocar al primer presidente de Guatemala elegido democráticamente, Jacobo Arbenz. Pero fue durante la agresión a la naciente revolución cubana que el equipo de choque tomó cuerpo y creció hasta convertirse en el instrumento idóneo para las prácticas de la guerra sucia. Desde entonces, sus acciones clandestinas, de naturaleza criminal, han servido para imponer la ley de Washington en múltiples ocasiones. El Equipo de Choque fue pues creado para realizar las peores tareas de la política exterior estadounidense. Pero no sólo lo formaron paramilitares, o agentes con licencia para matar. Las operaciones clandestinas fueron preparadas por personalidades relevantes, por políticos, algunos de los cuales siguen hoy en activo. Si los gobiernos republicanos se destacaron por impulsar y utilizar el equipo, el clan de los Bush ha sobresalido por brindar protección incluso a los más sangrientos de ellos, concediéndoles impunidad al margen de las propias leyes estadounidenses.