En el 330 a. C., tras derrotar a Darío III y tomar Persépolis, Alejandro parecía haber alcanzado la cima de su reinado. Pero su ambición era mayor que cualquier mapa conocido. Decidió continuar hacia el este, persiguiendo un horizonte mítico: el confín del mundo. Ese viaje lo llevó a enfrentarse no solo a enemigos poderosos y a los elementos más extremos ?monzones, desiertos y cordilleras heladas?, sino también a las consecuencias imprevistas de su propia gloria.
Hace veintitrés siglos vivió un muchacho que recibió una herencia formidable de su padre asesinado: el trono de Macedonia, la hegemonía sobre Grecia y el primer ejército profesional de la Antigüedad. Con apenas veintidós años dejó su tierra y a su madre para no volver a verlas jamás, impulsado por la ambición de apoderarse del mayor imperio del mundo, Persia. Durante once años de guerra vivió en el peligro y el combate constantes, luchó en desiertos abrasadores y en montañas nevadas, y a los treinta y tres era el mayor conquistador que ha conocido la historia, emperador de dominios tan vastos como jamás se habían visto. Había recorrido más de 20.000 kilómetros y planeaba continuar hasta el fin del mundo. ¿Cómo sería la realidad actual si hubiera conseguido su sueño? Solo podemos imaginarlo, pero veintitrés siglos después sus hazañas todavía nos asombran.
La obra de Pier Paolo Pasolini conforma un archipiélago de poesías, relatos, ensayos, intervenciones, films y documentos que invitan a una constante indagación. Para quien quiera emprender un viaje de exploración así pueden ser de ayuda, al menos, un mapa y una brújula.
En forma de alfabeto (que su autor entiende como un «instrumento ágil, sintético, esencial»), este libro ofrece conceptos y lemas (un mapa) y orientaciones críticas (una brújula) para entrar en la vasta y compleja producción literaria y cinematográfica pasoliniana. Al intentar trasladar el movimiento característico de esa producción (de una obra a otra, de un género a otro, de una forma expresiva a otra distinta), pone al descubierto un andamiaje que crece con el tiempo, articulado ennociones como «sagrado» o «muerte», en figuras como la del padre o imágenes como el cabello, la rosa, las luciérnagas, el cuervo… Un andamiaje que en su movilidad atraviesa y subvierte cualquier idea preconcebida.