Al día siguiente de la conquista, terminó el aislamiento en América, germinó una nueva civilización y comenzó la fusión entre dos mundos que hasta entonces lo desconocían todo el uno del otro. Castellanos, tlaxcaltecas y texcocanos comenzaron a construir la hispanidad: pueblo mestizo, cristiano y humanista, mágico y místico que dio la vuelta al mundo y engendró la primera globalización, una cultura que dejó un continente sembrado de vestigios de grandeza.
Juan Miguel Zunzunegui, hispanista superventas en México y brillante conferenciante, firma su primera obra en España para contar sin odios ni rabia lo que verdaderamente ocurrió en América. Una historia que desmiente la Leyenda Negra, pero que tampoco teme señalar las faltas cometidas. Esta es la historia de cuando juntos fuimos imperio.
«Qué hermosa civilización construimos, pero que terrible historia nos contamos. Qué grandeza llegamos a crear, pero dejamos que las narrativas de conquista nos impidan ver las maravillas que están frente a nuestros ojos».
En 1932, la música, como las demás disciplinas artísticas, fue reducida a una única doctrina: la del realismo socialista. La finalidad del arte era servir al Estado. Los músicos tuvieron que someterse a la línea ideológica del partido. Algunos la sortearon como pudieron; otros, sin embargo, no se doblegaron, y sus obras fueron prohibidas, sus conciertos cancelados y ellos relegados al olvido. Eso sucedía en el mejor de los casos, porque en el peor se los destinaba a campos de trabajo en Siberia o simplemente eran ejecutados. Músicos de la altura de Dmitri Shostakóvich y Serguéi Prokófiev e intérpretes de fama internacional como Mstislav Rostropóvich, Sviatoslav Richter, David Oistrakh, Leonid Kogan y Mariya Yúdina fueron capaces de crear melodías sublimes en las circunstancias más hostiles y oscuras. Pero esa política represora no sólo se circunscribió a la música clásica. La Asociación Rusa de Músicos Proletarios (RAPM) se ocupó también de la música ligera. Era conocida la afición de Stalin por ese tipo de música, así que, en consecuencia, la represión fue menor que en la música y la literatura clásicas. Pero, con todo y con eso, los intérpretes no podían bajar la guardia.
A través de cartas, informes y otros documentos originales consultados en diversos archivos españoles y franceses, el libro analiza la relación de Albert Camus con la Guerra Civil y el exilio español en Francia, haciendo un exhaustivo recorrido desde sus comienzos como director teatral en Argel hasta su prematura muerte. Con un estilo que combina la indagación histórica, la crónica periodística y la reflexión filosófica se aborda la lealtad del autor francés con la causa de la República española patente en sus libros y su labor periodística, así como en su intensa participación en actos reivindicativos y de apoyo a la misma. Este compromiso le permite conocer a Pablo Picasso, Antonio Machado, María Casares, Pau Casals y otros artistas e intelectuales, a Salvador de Madariaga y Fernando Valera entre otros responsables políticos del Gobierno republicano, así como a representantes sindicales y a exiliados anónimos. Los orígenes españoles de Camus están muy presentes en este trabajo.