En cualquier campaña electoral, solo uno triunfa. El resto no llega a la meta. Y seguramente todos han puesto lo mejor de sí; se han esforzado, han invertido, han soñado, han trabajado. Pero es inevitable: todos pierden menos uno. Y perder duele. Duele mucho. La derrota es la escena más temida por los candidatos y sus equipos de campaña. ¿Dónde perdimos? La pregunta salta de inmediato. ¿En los medios de comunicación? ¿En alguna ciudad o distrito importante? ¿En algún segmento clave de la población? ¿En el contacto persona a persona? ¿En las redes sociales? ¿En la calle? No. Perdimos en el cerebro del votante.
Como en el mito del Minotauro, la mente del votante es un oscuro laberinto. Los mensajes políticos se extravían dentro de ese laberinto. Las campañas más efectivas serán aquellas que logren que su mensaje perviva y encuentre la salida hacia la urna electoral. El camino va del cerebro que siente, analiza y decide a la mano que deposita la hoja de votación. ¿Qué debe hacer una campaña electoral para lograrlo? Debe darle señales al cerebro del votante. Señales que lo guíen hacia el voto. Son básicamente siete los carteles luminosos que la campaña debe encender dentro del cerebro del elector. Este libro analiza cada uno de ellos. Colocar y prender en la mente del votante estos carteles no es una mera suma de acciones sino una estructura, un sistema de trabajo, un modo preciso de ordenar una campaña electoral. En este esquema, la psicología política es el hilo de Ariadna.
Este libro es una respuesta para toda persona interesada en profundizar su fe católica mediante la experiencia vital de la Cuaresma y la Semana Santa, porque ofrece una síntesis de la historia de este tiempo litúrgico, su significado a partir del Misterio Pascual, algunas celebraciones y sugerencias para vivir con provecho los días cuaresmales.
El gran problema del siglo XXI es la abundancia: una abundancia que asfixia nuestra vida y la hace dependiente de las deudas, el estrés y la ansiedad.
¿Cómo esta su casa? A veces tenemos nuestro hogar lleno de cosas, pero no hay sitio para nuevas relaciones o una vida simple y ordenada. Muchos cachivaches se amontonan en garajes, trasteros o por todos lados. La gente alquila espacios para guardar cosas que no volverán a usar.
¿Ha llegado al punto en que disfruta más viendo las cosas salir de su hogar que entrar? Uno de los grandes peligros es que nuestras posesiones terminen dominando nuestra vida. La codicia es el problema del hombre desde siempre. Una parte fundamental de nuestro llamado como cristianos es la sencillez. Jesús quiere liberarte de la carga de las cosas y devolverte la alegría de una vida mucho más simple.