La era de la revolución, La era del capital y La era del imperio cubren la historia del mundo contemporáneo desde el inicio de la Revolución francesa, en 1789, hasta el estallido de la Primera guerra mundial, en 1914. En estas páginas Hobsbawm, de quien se ha dicho que es «tal vez el más importante historiador del siglo XX», y que es con toda seguridad el más leído, no sólo se ocupa de los acontecimientos políticos y de los avances económicos, sino que presta una atención especial al desarrollo de la ciencia y del arte, y se ocupa de temas como la formación de un mundo global, la construcción de naciones, las luchas obreras o la emancipación de la mujer. El resultado es una obra que se ha convertido ya en un clásico de la historiografía contemporánea, del que Norman Stone ha dicho que «figura entre los mejores libros de historia que jamás haya leído», que Niall Ferguson no ha dudado en calificar como «la mejor introducción a la historia del mundo contemporáneo», y que es, para Eric Foner, el punto de partida obligado para cualquiera que busque una comprensión adecuada de la historia de nuestro tiempo.
En unos tiempos convulsos para la profesión, la voz de Juan Cruz Ruiz se alza potente en este relato autobiográfico sobre su labor como periodista, un libro en el que la vida y el oficio se cruzan una y otra vez a lo largo de los años para formar una única realidad que va siendo desgranada por el autor, capítulo a capítulo, con la sensibilidad y la pasión que caracterizan todas sus obras.
Todos nosotros somos, en esencia, aquello que leemos. Ese es el presupuesto del que parte Luis García Montero en este libro. Un principio difícilmente rebatible desde cualquier rincón de la cultura. Las lecturas a las que Federico García Lorca se acercó en su juventud le convirtieron en la persona que fue -hasta sus últimas consecuencias- y en símbolo de toda una época. Como uno de los escritores españoles más populares del siglo XX, sus obras son objeto continuo de estudio, su poesía resuena más allá de los libros y sus piezas teatrales han conocido multitud de puestas en escena a lo largo de los años. Lejos del mito del autor de genio innato y profundas raíces populares, su escritor, desde los más tempranos, reflejan un profundo conocimiento de la literatura clásica, de las obras de sus contemporáneos, además de un acercamiento intelectual a la cultura popular, tanto literaria, como musical o teatral. Como todo lector, el joven Lorca buscó en sus lecturas la manera de forjarse una identidad, no solo como escritor, sino también como individuo y como ser social. Este es, sin duda, uno de los más hermosos y fecundos ejercicios de la libertad que puede acometer el ser humano.