Durante su vida, Roland Barthes publicó poco sobre Proust —cinco textos o artículos— aunque él mismo confiesa que sin duda fue el autor que más leyó, ya desde la adolescencia pero especialmente en sus últimos años, durante el duelo por su madre, de la que constantemente hizo eco con la de la madre de Proust.
Este volumen reúne los textos de Barthes publicados en vida, la transcripción de tres emisiones que efectuó en France Culture, algunas obras inéditas, algunos fragmentos de un curso que llevó a cabo en el Collège de France y una importante selección de sus conocidos archivos personales.
Barthes abre caminos, toma atajos, adopta, descarta y ofrece una visión perfectamente moderna de un autor extraordinariamente moderno. Básicamente llena un vacío: faltaba el «Proust de Barthes» y aquí lo tenemos centelleante, vibrante, seminal.
El nombre de Derrida está estrechamente vinculado al término deconstrucción, idea que propugna la disolución de fronteras estrictas entre filosofía y literatura. Se convierte así en una estrategia de lectura, en un mecanismo textual por encima del autor y del texto.
En los márgenes de los folios de los manuscritos medievales los artistas daban rienda suelta a sus fantasías e imaginación, liberándose de las normas iconográficas imperantes para las miniaturas centrales. En este espacio de libertad se sitúan los textos aquí reunidos; por eso el libro se titula Marginalia. Escritos desde 2012 hasta la actualidad, algunos inéditos y otros por encargo para periódicos, revistas, o conferencias, sus temas son los habituales en mis libros de estudio (literatura, mística, arte) aunque tratados de modo diverso, junto a otros que se refieren a lecturas, experiencias, recuerdos, o situaciones vitales. Trabajo y vida se encuentran así imbricados, pues la intención que los orienta no es otra que la comprensión. Son reflexiones acerca de un verso, una escena fílmica, un acontecimiento, a la espera siempre de que la escritura desvele su significado. Se trata así de un conjunto de textos heterogéneos que el azar ha hecho que se encuentren, con la aspiración de que formen una unidad.
¿Puede la filosofía combatir los problemas y dificultades cotidianos?
Esto es precisamente lo que propone Más Platón y menos Prozac: aplicar la filosofía a nuestro sistema de vida para alcanzar un mayor equilibrio interior. Se trata de considerar la filosofía como una forma de vida más que como una disciplina, idea que existe desde Sócrates.
Más Platón y menos Prozac se inspira en los más importantes filósofos de la historia para enseñarnos a afrontar los principales y más habituales aspectos de la vida, el amor, la ética, prepararse para morir o simplemente enfrentarse a un cambio de trabajo.
Desde la década de 1930, Max Weber fue traducido al inglés, de manera parcial, por Talcott Parsons, sociólogo estadounidense, cuya interpretación del autor influyó indudablemente sobre las traducciones al castellano. Bajo este tamiz, Weber fue leído, incluso hasta hoy, como un “correcto sociólogo liberal”, contrario a Karl Marx. Esteban Vernik discute con esta lectura hegemónica perpetuada durante décadas y busca contribuir a los estudios que escapan a aquel restrictivo marco normativo, como los de José Aricó, Michael Löwy y Bolívar Echeverría a partir de los años ochenta. Plantea que el pensamiento weberiano es laberíntico, rodeado por una serie de interrogantes: ¿cuál es su unidad? ¿Existe algún hilo conductor para sus más diversas contribuciones? ¿Cuál es su “cuestión central”? ¿El destino de la humanidad, la importancia de los factores psicológicos e intelectuales en la vida económica, la acción social, el origen y desarrollo del capitalismo, la ciencia libre de valores y el pluralismo metodológico, o la racionalización y el desencantamiento del mundo moderno por la ciencia y la técnica? En esta dirección crítica, el autor propone un recorrido sobre el surgimiento y el desarrollo del pensamiento weberiano a partir de dos temas centrales: nación y alienación. Con un eje tendencialmente cronológico y analizando una muestra de sus escritos teóricos e intervenciones públicas, examina aspectos específicos del cruce de la obra y la vida de Weber.
En el prólogo de la primera edición de sus Máximas, La Rochefoucauld advierte al lector que su propósito es retratar el corazón del hombre. Y efectivamente, aunque no trata exclusivamente de ello, en sus reflexiones plasma con gran perspicacia los mecanismos y motivaciones que subyacen a los comportamientos humanos, con una clarividente exposición de lo que las apariencias esconden. Con este propósito, este noble, guerrero, conspirador y filósofo hizo de su obra, llena de ironía, humor y despego, notable cinismo y prodigiosa lucidez, la más profunda reflexión moral que nos ha legado el racionalismo y, a la vez, una obra maestra del estilo, de la inteligencia y de la literatura.