Los grandes autores del llamado "siglo de Pericles" fueron discípulos de los sofistas, aquellos maestros que en la retórica ofrecieron al mundo una nueva enseñanza, desarrollando el arte de razonar y abriendo también la vía a todas las formas del pensamiento libre. Con fecuencia atacados y vilipendiados por una tradición ingrata, era necesario analizar qué rol desempeñaron los sofistas en la formación de la cultrua occidental.
Siempre brillante, atinada y rigurosa, Jacqueline de Romilly muestra la influencia de los sofistas en el desarrollo intelectural de la Atenas del Siglo V a. C., en este estudio clásico de la historia de la filosofía, la ciencia política y la religión.
¿Cómo podemos hablar hoy sobre los inicios de la filosofía? ¿Cómo evitar la tradicional oposición entre mito y logos y, en su lugar, explorar los múltiples estilos de pensamiento que surgieron entre ambos extremos? En este esclarecedor ensayo, Maria Michela Sassi reconstruye, mediante una exploración lúcida y detallista, el mundo intelectual de los presocráticos para ofrecer una comprensión matizada de las raíces de lo que más tarde se conocería como «el milagro griego».
De Mileto a Elea, de Éfeso a Agrigento, Sassi comienza por las preguntas canónicas —el cuándo y el cómo del origen del pensamiento, sus reflexiones en torno al orden cósmico, su naturaleza concreta y sus formas distintivas— para trazar la historia del saber arcaico y analizar, además, el ambiente de competencia intelectual, la descentralización geográfica y la adopción de una prosa más directa —similar a la utilizada para redactar las leyes de la polis—; una prosa que permitió a los filósofos y científicos jonios ejercitarse sin circunloquios en la razón crítica, y así revolucionar definitivamente el conocimiento griego y, en última instancia, fundar la filosofía occidental.
Los límites del mundo es un libro esencial para entender la obra de Eugenio Trías, sin duda uno de los filósofos españoles más relevantes del siglo XX y principios del XXI y el único pensador español distinguido con el premio Internacional Friedrich Nietzsche, concedido a la trayectoria global de un filósofo. En él presentó por primera vez lo que posteriormente fue el eje alrededor del cual articuló su pensamiento: el análisis de la condición humana como fronteriza. El hombre es visto como un habitante del límite, como ser del límite. A través de una redefinición de la idea moderna de sujeto se emprende el acceso a esta idea. El análisis del imperativo categórico kantiano, que Trías convierte en pindárico ('Llega a ser el que eres, límite y frontera del mundo'); la original aproximación a la figura de Wittgenstein; el brillante diálogo que se establece entre la metafísica y el gran arte de nuestro tiempo a partir del análisis del 'Gran Vidrio' de Marcel Duchamp; y, finalmente, la confrontación con el pensamiento de Heidegger son los principales elementos de los que se vale el autor para articular la apasionante aventura filosófica de presentar al hombre en su dimensión más trágica, aquella que le enfrenta a su verdadera esencia, y paralelamente definir la verdad como transparencia del ser del límite. Los límites del mundo somos nosotros, permanentes habitantes de una bisagra que separa, a la vez que articula, mundo y misterio.
La vida de Petrarca, peregrinus ubique, fue un continuo vagabundeo por ciudades de media Europa, pero también una tenaz búsqueda de escenarios para el yo en los que el poeta se afanó por confortar su alma recreándose en la belleza de los lugares, propiciando ciertas ceremonias poéticas y erigiendo la imagen que legaría a la posteridad. En Los lugares de Petrarca se imbrican literatura, arquitectura y paisaje, biografía y ensayo, libro de viajes y diálogo anacrónico para describir el apasionante periplo que va desde los sofisticados palacios de los papas en Aviñón y las cortes de los príncipes italianos en tiempos de la peste negra hasta los singularísimos retiros erigidos por Petrarca en Fontaine-de-Vaucluse y Arquà. Los diversos paisajes y escenarios permiten responder algunas de las preguntas que inquietaron al autor del Canzoniere tanto como nos siguen inquietando a nosotros: ¿por qué buscamos la soledad en la naturaleza?, ¿de qué huimos?
En el presente libro, Karl Reinhardt realiza una interpretación reflexiva y comparativa de los mitos de Platón A principios del siglo XX, el vínculo de la Modernidad europea con el mundo antiguo sufrió una profunda transformación. El pensamiento históricocrítico ofreció una nueva luz sobre la Antigüedad. Puso de manifiesto la multiplicidad de aspectos de una época que, hasta entonces, fue entendida como uniforme. Sin embargo, esta nueva mirada también puso en evidencia la diferencia del propio presente respecto del mundo antiguo. En el libro, Reinhardt realiza una interpretación reflexiva y comparativa de los mitos de Platón. Selecciona lo que, desde su punto de vista, es significativo y lo ordena en una red de conceptos fundamentales. De esta manera, hace visible la relevancia práctica y emocional del texto para el lector, invitándolo a acompañarlo en el sentir y en el pensar. Su obra supuso una nueva forma de abordar los textos de la Antigüedad, evitando reducirlos a un pasado comprensible (y, por tanto, relevante) solo a partir de sí mismo.
Meister Mathis, Mathis Grün de Eisenach, Mathis Godhart (o Gothardt) Nithart (o Nithardt), Matthias Grünewald, el pintor (y también, quizá, el ingeniero, el fabricante de jabones, el conocedor de alquimias) son algunas de las señales que han velado y velan todavía al hombre que pintó el imponente Retablo de Isenheim a principios del siglo, en una Europa diezmada por la pobreza, la guerra y la peste, en la que tronaban las revueltas de campesinos, el comercio de bulas era moneda corriente y la Reforma echaba a andar. El políptico, con sus escenas sucesivas, estaba destinado a causar el estremecimiento de los enfermos que acudían en río al hospital que los antonianos habían abierto en Isenheim: detenerse ante el cuerpo retorcido y masacrado de la Crucifixión, la música angélica de la Natividad, un san Antonio tentado y vejado, o el triunfo de la Resurrección debía propiciar la curación a sus males las fiebres y la lepra, el fuego de san Antonio, la sífilis, la epilepsia .