Los discursos reunidos en este volumen, popularmente conocidos como Filípicas (un declarado homenaje a Demóstenes), quizá marcan el cénit de la elocuencia ciceroniana y de la lengua latina en general. Son además un valiosísimo testimonio histórico de un momento clave para entender el final de la República romana. Tras el asesinato de Julio César, Marco Tulio Cicerón preparó como senador estos discursos contra Marco Antonio entre septiembre de 44 a. C. y mediados del año siguiente, poco antes de ser él mismo asesinado. Concebidos como si fueran batallas políticas, estos textos son las mejores armas oratorias que pudo esgrimir Cicerón para defender un sistema de gobierno que se tambaleaba peligrosamente y por el que acabó muriendo.
Don Quijote cabalga de nuevo. Pero ahora es una mujer, dama andante que vagabundea entre Londres y Nueva York. No son los libros de caballería los que la han enloquecido y lanzado al mundo, sino la experiencia transfiguradora de un aborto. Y no tiene que vérselas con molinos de viento, sino con los hechiceros de su tiempo: con la historia americana y con Richard Nixon, aún líder de un mundo de pesadilla poblado por dueñas de prostíbulos, transexuales y sacerdotes masoquistas. ¿Y qué busca esta imprevisible Don Quijote? El amor, o quizá solo el conocimiento de lo que es el amor, para así salvar el mundo. Pero que los lectores no se engañen: en el universo de Kathy Acker el amor no es más que una dialéctica de amo y esclavo, una mitología cruel, una ficción del lenguaje inventada por los hombres a espaldas de las mujeres, un conflicto entre poderes.
Como su Quijote, Acker vivió entre Nueva York y Londres y se movió en la escena de vanguardia, con gente como David Byrne o Laurie Anderson. La publicación del libro, en 1986, marcó un punto de inflexión en su obra.
El diálogo entre ciencia y filosofía tuvo un momento privilegiado en 1922, cuando Einstein presentó su teoría de la relatividad en París y generó en Bergson la necesidad de responder a los retos metafísicos que planteaba.
«La televisión, desde la superficie hacia sus profundidades, trata del deseo. Y el deseo es a la narrativa lo que el azúcar es a la comida humana».
En un momento en que la cultura audiovisual está más presente que nunca gracias a las plataformas de streaming y el consumo (masivo y doméstico) de series y películas, este ensayo de David Foster Wallace, uno de los más influyentes del autor, se vuelve una lectura imprescindible y atemporal.
Este libro pone el foco en el impacto que el imaginario de las series de televisión norteamericanas tiene en la literatura. Frente a la incapacidad de escapar de su influencia, el uso de la ironía se ha convertido en la única defensa posible. Gracias a este análisis, Foster Wallace perfila al individuo del siglo XXI: un ser anclado a una pantalla y atravesado por la cultura popular.
Edith Stein recorrió un sinuoso camino de búsqueda que la llevó del judaísmo al agnosticismo, a la filosofía, al catolicismo y que concluyó en el infierno de los campos de concentración nazis. Nacida en Polonia en 1891, fue la primera mujer en doctorarse en Filosofía en Alemania y perteneció al círculo íntimo de Edmund Husserl, padre de la Fenomenología. Temprana feminista, en 1921 su vida dio un vuelco místico y se convirtió al catolicismo para ingresar en la orden carmelita como Teresa Benedicta de la Cruz. Canceladas sus expectativas de emigración, fue detenida por la Gestapo en 1942 y deportada a Auschwitz, donde fue asesinada. En 1998 el papa Juan Pablo II la canoniza. La ambiciosa investigación de Irene Chikiar Bauer propone, bajo una luz inédita, un recorrido por los escritos autobiográficos de esta mujer personalísima, sus textos filosóficos y religiosos y su extensa correspondencia, y reconstruye tanto sus resbaladizos contextos de producción como las preocupaciones vitales y existenciales de Stein. Como resultado, en este libro enlaza su vida y obra con los tiempos brumosos en los que vivió y con las causas que abrazó con fervor y convicción. En ese gesto, traza líneas que necesariamente llegan al presente y aportan a la discusión contemporánea sobre lo identitario.
A lo largo de su vida, Emil Cioran dedicó numerosos artículos y prefacios tanto a los más diversos autores como a la propia creación literaria y artística. La disparidad de los temas de reflexión y de las fechas de redacción no oculta la gran homogeneidad del conjunto, debida, sin duda, a la impregnación, de cada texto, con las obsesiones personales del autor. En esta suma de afilados retratos y breves ensayos se revela el Cioran irónico, por no decir cáustico, que muchos conocemos, junto al que se deja fascinar por autores como Paul Valéry, Mircea Eliade, Samuel Beckett, María Zambrano, Francis Scott Fitzgerald o Jorge Luis Borges. Fruto de la amistad o del arrebato, estos singularísimos textos no dejan de ser, en realidad, unos fascinantes ejercicios de profundización en el conocimiento de sí mismo.