En este breve pero lúcido y apasionante ensayo, László F. Földényi se refiere al oscuro destierro de Dostoyevski y plantea cómo el gran narrador ruso habría sido capaz de observar con agudeza crítica al filósofo alemán, entonces en la cima de la intelectualidad europea. Al racionalismo de Hegel, sin embargo, Dostoyevski habría preferido el infierno de Siberia porque en él hallaba la salvación por poder apartarse de la historia. 'Dostoyevski estaba convencido de que la humanidad acabaría hundiéndose en la esclavitud definitiva cuando quisiera salvarse a sí misma. El siglo veinte, con sus catástrofes políticas, tecnológicas y ecológicas, le da la razón. No se trata de accidentes sino de las consecuencias ineludibles de la fe en la exclusividad del saber. A partir del momento en que el ser humano se impone el papel de Dios y considera que todo tiene solución, es capaz de sacrificar todo el universo con tal de demostrar que tiene razón.'
Primero llega la muerte y después el duelo, la desolación infinita.
Casi siempre acompañada de dolor, desconcierto y la pena y la tristeza más absolutas. También de intentos de consuelo, sin excepción destinados al fracaso.
Nada nos prepara para la pérdida, por más que la razón nos diga que es una posibilidad. Y la realidad es que, si llega, no sabemos cómo afrontarla.
«Germanito, hijo. Estate tranquilo que no pierdo mi saque desde el 72.»
Con estas palabras tranquilizadoras cruzábamos la red hacia el otro lado de la pista el Abuelo y yo con un objetivo claro en la cabeza: derrotar a unos rivales que nos habían llevado a un partido igualado y que sin duda venderían cara su derrota en el último juego.
Miguel Delibes fue, además de escritor, un hombre de familia. Una vertiente poco conocida y que mostraba a borbotones en el ámbito más íntimo. El tenis, la bici, la caza, Sedano, los entresijos familiares o los nervios que sufrió antes de la entrega del Premio Cervantes son algunos de los pasajes que nos relata el segundo de los dieciocho nietos del escritor que, a pesar de no haber disfrutado de un abuelo al uso, conoció de cerca a una persona especial que se desvivió, a su manera, por todos y cada uno de ellos.
¿Cómo convertir una idea en una historia bien contada? ¿Es el género necesariamente un corsé creativo? ¿Qué implicaciones tiene la elección de un punto de vista? ¿Qué es el tono y cómo dar con él? ¿Cómo funciona un personaje complejo? ¿Tienen los diálogos tienen que parecerse a los de la vida real? ¿Puedo valerme de mi experiencia personal para narrar? Son muchas las preguntas y las incertidumbres de quien empieza a escribir ficción. Estructurado en dos bloques, uno de temas esenciales y otro de herramientas y recursos, El impulso y el mapa ofrece el raro privilegio de conocer de primera mano las técnicas y recursos que utilizan algunas de las voces más reconocidas de la narrativa actual en español. Cada capítulo aborda un aspecto del proceso —la construcción del tiempo y del espacio, las estructuras y ritmos, el arte del diálogo o la posibilidad de la autoficción—; pero también las relaciones entre la escritura y la política, la experimentación o el juego. Como en tantos otros ámbitos conocer las reglas es necesario para saber cuándo y cómo transgredirlas. El resultado es un recorrido completo y apasionante desde la gestación de la idea hasta la corrección y la edición del texto, con ejemplos, referencias y reflexiones, porque escribir es también una forma de leer.
El arte de la ficción reúne un ciclo de artículos de crítica literaria en los que David Lodge analiza los principales aspectos y posibilidades del arte de la ficción (el narrador omnisciente, la novela epistolar, el tiempo, el realismo mágico, el simbolismo, la ironía), Escritores tan diversos como Henry James o Martin Amis, Jane Austen o Fay Weldon, Henry Fielding o James Joyce sirven de ejemplo para desentrañar los reportes de la obra narrativa y para explicar términos como el punto de vista, el monólogo interior o la intertextualidad.
¿Tenemos algo que contar? Y, lo más importante, ¿sabemos cómo hacerlo?
Decía Oscar Wilde que no existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo. Probablemente sea así, pero quizá no sea lo mismo tener algo que expresar al mundo... que creer que se tiene.
En todos nosotros anida el anhelo de contar una historia, pero ¿abordamos la escritura con la suficiente profesionalidad y conocimiento como para que esas historias lleguen a buen puerto o reúnan la mínima calidad para los lectores? Escribir con la suficiente profesionalidad como para que las historias lleguen a buen puerto o reúnan la mínima calidad para los lectores, es un reto para miles de autores potenciales.
David Vicente vuelca en este libro, riguroso y valiente, sus años de experiencia, no solo como escritor y editor, sino principalmente como profesor de escritura creativa tanto para diversas instituciones como dentro de su propia escuela, La Posada de Hojalata.
El arte de narrar ayudará a los lectores, y a todo aquel que aspire a escribir, a entender que el oficio de contar historias, a diferencia de lo que aseguraba Stephen King, es un poco más complejo que poner una palabra y después la siguiente, al tiempo que nos ayudará a enfrentarnos al papel en blanco o a la pantalla vacía.