Ilustrado con muestras de guiones clásicos (Casablanca, Chinatown, etc.), McKee analiza cómo está construida cada escena para que funcione y, lo que es más importante, por qué funciona. Por su profunda comprensión de los mecanismos que mueven las historias y su original método de enfocar la redacción de guiones, El Guión constituye una herramienta imprescindible para todo aquel que quiera llevar una idea a la pantalla.
Con sus escaleras imposibles o sus mosaicos hechos de pájaros, el artista holandés M.C. Escher (1898-1972) creó un lenguaje gráfico único de rompecabezas, patrones singulares y pautas matemáticas. Denso, complejo y construido sobre principios intrincados, su trabajo, decorativo y lúdico y al mismo tiempo, juego continuamente con las ilusiones ópticas y las limitaciones de la percepción sensorial. Para matemáticas y científicos, Escher fue un genio. Para los hippies, un pionero del arte psicodélico. Este libro introductorio se adentra en la brillante mente de Escher a través de sus obras clave, fruto de su continua investigación acerca de la imagen y la percepción. En el camino esperan peces mutando en pájaros, lagartijas que parecen escaparse de la página, reflexiones magistrales, laberintos infinitos y algunas de las imágenes más alucinantes del arte del siglo XX.
Paul Gauguin (1848-1903) no estaba hecho para las finanzas. Tampoco duró mucho en la marina francesa, ni como vendedor de carpas en Copenhaugue porque no sabía hablar danés. Empezó a pintar en su tiempo libro en 1873. y en 1876 participó en el Salón de París. Tres años después, exponia junto a Pissarro, Degas y Monet. Vehemente y gran bebedor, Gauguin solía autoadjetivarse como «salvaje». Su íntima pero agitada amistad con el también temperamental Vincet van Gogh llegó a su clímax con un incidente violento en 1888, cuando Van Gogh se enfrentó supuestamente a Gauguin con una navaja de afeitar y más tarde se cortó la oreja. Poco después, tras completar una de sus obras maestras, La visión tras el sermón (1888), Gauguin se trasladó a Tahití con la intención de escaparse de «todo lo artificial y convencional» del mundo.
Fundador en 1897 del Teatro del Arte de Moscú, la figura de Constantin Stanislavski (1863-1937) ocupa un puesto destacado en la reformulación de la labor interpretativa planteada a principios del siglo XX a causa de su empeño en desarrollar una concepción teatral basada en la adecuada ambientación de cada obra y en la preparación psicotécnica del actor. La construcción del personaje, su último libro, fue publicado postumamente, y el tratamiento de los temas que en él se abordan -la caracterización física de los autores, el vestuario, la expresión corporal, la plasticidad del movimiento, la contención y el control, la dicción y el canto, la acentuación y la expresividad, el ritmo en el movimiento y el lenguaje, la ética teatral, etc.- da fe de la riqueza de experiencias, el talento didáctico y el sentido dramático del gran actor y director de escena.
El presente libro, que junto con su complementario La imagen-tiempo se convirtió automáticamente en un clásico cuando apareció allá en 1982, no pretende ser una historia del cine, y sin embargo acaba revolucionando el concepto mismo de historiografía cinematográfica. Tampoco se plantea explícitamente como una reconsideración de la teoría fílmica, y no obstante constituye una de las aportaciones mayores de las últimas décadas al respecto. Su intención es definir lo que Deleuze llama la "imagen-movimiento", que se podría identificar con el cine clásico pero también con un conjunto de directores que establecieron una determinada tipología conceptual e iconográfica. Los grandes autores del cine inventan y componen, cada uno a su manera, imágenes y signos que los hacen comparables no sólo con pintores, arquitectos y músicos, sino también con pensadores.
Esta novela reconstruye acuciosamente la intensa vida de una mujer extraordinaria: Lucha Reyes, la cantante que transformó la música popular mexicana, brindándole el particular sello que ha conquistado distintas generaciones y le ha dado la vuelta al mundo. Con una gran documentación, datos y testimonios, Alma Velasco no sólo traza el retrato de la artista que inventó el género del mariachi tal y como lo conocemos en la actualidad, sino recrea a un personaje de carne y hueso; su infancia en la pobreza y en la orfandad, su debut en el fascinante mundo de las carpas, sus encuentros y desencuentros amorosos, sus triunfos y fracasos, en suma, una vida llena de claroscuros. Me llaman la Tequilera es una ágil y amena crónica de toda una época en México: el final de la revolución, las noticias que sacudieron al mundo, las turbulencias políticas, el inicio de la radio, el cine y las canciones, la moda, los inventos que transformaron la vida de la gente y todo el trasfondo de circunstancias que rodearon a una de las protagonistas más emblemáticas de la cultura mexicana.