Después de leer la noticia de un accidente aéreo en el Himalaya, Tintín tiene un sueño donde su joven amigo Tchang herido le pide ayuda medio enterrado en la nieve. Al día siguiente se entera por el diario de que Tchang viajaba en el avión siniestrado, y que no han encontrado supervivientes. Pero Tintín cree que Tchang está vivo y parte hacia Katmandú con el objetivo de organizar una expedición de rescate. Tintín en el Tíbet coincide con una época de graves turbulencias en la vida de Hergé, y su creación constituyó una verdadera terapia para él que le ayudó verdaderamente a salir adelante. Según nos cuenta el propio Hergé en aquella época, (año 1958), atravesaba una verdadera una crisis y sus sueños y pesadillas eran casi siempre blancos. Estos sueños se repetían siempre y el autor se vio en la necesidad de acudir a un psiquiatra que le aconsejó que abandonara este trabajo porque nunca lo acabaría. Cosa que por suerte Hergé no hizo. No solo acabó Tintín en el Tibet, sino que, en la opinión de muchos, es una de sus obras maestras. El color blanco reina también en casi toda la obra, pero esta vez no como una pesadilla sino como una depuración.
Esta es una obra maestra del cómic. Preferimos no explicar aquí la trama de la historia, para que el que la lea por primera vez, pueda disfrutarla totalmente. Desde el principio, los sucesos se encadenan a un ritmo trepidante: se oye una explosión, estalla una tormenta, objetos que se rompen, se corta la luz y Serafín Latón llega por primera vez a la serie. En toda la historia no habrá prácticamente ningún tiempo muerto. Para la creación de los decorados, Hergé quiso ser lo más preciso posible. La historia, que transcurre en su mayor parte en Suiza refleja la guerra fría que pasaba momentos muy tensos entre los dos bloques, representados en la rivalidad entre Borduria y Syldavia. El Asunto Tornasol fue publicado en 1956.
Esta segunda entrega de la aventura lunar de Tintín fue publicada en 1954. Como en la primera parte, Objetivo: la Luna, no explicamos aquí el argumento, para no estropearles el placer a los que lean estos álbumes por primera vez.
Cuando Tintín recoge una cartera olvidada en un banco no puede imaginarse que ello le va a llevar al país de Syldavia, situado en el centro de los Balcanes. Allí se entera de que hay una conspiración para robar el cetro del rey, Muskar XII, sin el cual este no puede seguir reinando. Y su país vecino, Borduria, tiene claras intenciones de invasión. La trama está claramente influida por la época. La historia se publicó en Le Petit Vingtième del 4 de agosto de 1938 al 10 de agosto del año siguiente. Los signos que anunciaban la Segunda Guerra Mundial eran numerosos y la Alemania de Hitler preparaba la invasión de Austria, que quedó anexionada convirtiéndose en una provincia más del tercer Reich.
Tintín viajará esta vez a la milenaria China. En Shangai descubre el origen de un poderoso veneno que hace enloquecer. Se enfrenta con una terrible banda de traficantes de opio y con unos agentes japoneses que hasta el final del libro mantienen el suspense del lector. Al finalizar Los cigarros del faraón, Hergé había anunciado en Le Petit Vingtième que Tintín iba a proseguir su viaje hacia Extremo Oriente. Entonces recibió una carta del Padre Gosset, capellán de los estudiantes chinos en la Universidad de Lovaina, que le aconsejó documentarse bien sobre China y su cultura y le presentó a Tchang Tchong-Jen, joven chino estudiante de arte en la Academia de Bellas Artes de Lovaina. Enseguida simpatizaron y se hicieron grandes amigos. (Podemos reconocerlo en el personaje Tchang, el chico chino amigo de Tintín).