Este trabajo aborda el neoliberalismo sobre un terreno que siempre le fue propio: la elección de la guerra civil. Si el neoliberalismo se puede caracterizar por sus pretensiones de organizar todo aspecto de la vida social según una lógica de mercado, este proyecto solo ha resultado posible bajo la dimensión de una violencia que le es innata. Por eso, la «guerra civil» es algo más que una metáfora.
Propugnada por los neoliberales, la guerra consiste en un ejercicio de dominación polimorfo que a veces se dota de medios militares y policiales, pero que a menudo se confunde con el poder gubernamental y por lo general se lleva a cabo en y a través de las instituciones del Estado. La paradoja del neoliberalismo es así que siempre ha requerido del Estado y de su poder de coerción. De un modo radical, los neoliberales han desplazado el concepto de libertad, tradicionalmente vinculado a la emancipación y la lucha contra la opresión, a la pura libertad económica y de mercado, que exige de la opresión estatal para ser garantizada.
En estas páginas, se analiza así la historia del proyecto neoliberal. De Hayek a Thatcher y Pinochet, de Mises a Trump y Bolsonaro, y de Lippmann a Biden y Macron, el neoliberalismo ha adoptado diversas formas según dictan las circunstancias. Pero en todos los casos, lo que aparece bajo esta perspectiva estratégica es la historia de una lógica dogmática implacable que no repara en medios a la hora de debilitar y, si es posible, aplastar a sus enemigos.
Acelerada por la pandemia y los sucesivos confinamientos (ese gran experimento a escala global de un mundo sin contacto), la digitalización de nuestras sociedades avanza cada vez más rápido. ¿Realmente es posible que las nuevas tecnologías digitales ayuden a reducir nuestra huella de carbono y el colapso de los ecosistemas? Nada es menos probable. No podemos olvidar que el capitalismo funciona sobre la conocida y contradictoria base del crecimiento infinito en un planeta con recursos finitos. Por ello, los reyes de Silicon Valley intentan presentarnos la ficción de una desmaterialización tecnológica que, según ellos, permitiría limitar el saqueo apocalíptico de la naturaleza al tiempo que sería capaz de satisfacer el apetito insaciable de los ciudadanos consumidores por el último modelo de smartphone y las nuevas actividades de ocio. Con una obra a medio camino entre el ensayo gráfico, la investigación periodística de urgencia y el relato autobiográfico, Squarzoni demuestra que esta ficción «ecologista» a favor de las innovaciones digitales (tal como nos la proponen a modo de solución milagrosa para el problema del calentamiento global las llamadas GAFAM: Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft) es en realidad un discurso ideológico orientado a aumentar los beneficios económicos de las grandes empresas, así como su cuota global de poder y su dominio sobre nuestros datos personales. ¿Y por qué se trata de una ficción? Ante todo ―nos expone el autor combinando a la perfección ritmo narrativo, lucidez argumental y datos implacables― porque el consumo energético de las nuevas tecnologías digitales crece exponencialmente, al igual que la adquisición por parte de los usuarios de nuevos dispositivos, que además se ven incitados a reemplazar con frecuencia por modelos más recientes a causa de la obsolescencia programada y la omnipresente publicidad. Por otro lado, estos aparatos miniaturizados requieren enormes cantidades de materiales esencialmente no reciclables, y dependen de servidores informáticos, centros de datos y cables submarinos que también son muy contaminantes y consumen mucha energía. Una investigación demoledora que desvela la cara más oscura de esa supuesta desmaterialización de nuestras sociedades, alertándonos sobre sus consecuencias y lanzando una llamada final e inaplazable hacia la sobriedad feliz y elegida que nos permita formular nuevos modelos de existencia y nuevas formas de lucha para defender un futuro posible y para todos.
Durante la guerra fría se enfrentaron dos visiones del mundo irreconciliables: el capitalismo y el comunismo. Fue un conflicto político, económico y militar. Pero también un choque cultural y simbólico. Las dos partes, lideradas por Washington y Moscú, querían ganar la batalla de las ideas. Y para ello dedicaron una gran cantidad de recursos, en forma de dinero, espionaje, diplomacia y coerción, a la promoción de las artes y las letras que defendían su visión del mundo. Los escenarios donde se libró esta batalla cultural son tan múltiples como curiosos. Mientras el Gobierno de Estados Unidos propagaba el expresionismo abstracto, como la estética propia de la democracia liberal, Stalin imponía reglas para que la novela realista difundiera las virtudes del Partido Comunista; mientras la CIA suvencionaba revistas literarias, el socialismo impulsaba un equivalente de James Bond. Louis Armstrong, Dmitri Shostakovich, "El Doctor Zhivago", los Beatles, la vanguardia cinematográfica, John Wayne, el boom latinoamericano, las bienales de arte del franquismo y hasta el protagonista de "El coche fantástico" estuvieron sometidos a una lógica guerrera. Con una mezcla de crónica y ensayo, alternando la alta cultura y la cultura pop, "La otra guerra fría" reconstruye numerosos episodios de este enfrentamiento para demostrar que durante aquellas décadas, en las que la humanidad estuvo al borde de la guerra total y el apocalipsis nuclear, los políticos creyeron en el poder seductor de la cultura y lo manipularon. Una experiencia cuyas lecciones son válidas aún hoy, cuando la propaganda y la batalla de la información se han desplazado a las redes.
Biografía definitiva de Pablo Escobar. Con realismo y gran sentido narrativo compone los claroscuros de uno de los peores criminales de la historia.
En La parábola de Pablo, Alonso Salazar presenta dimensiones íntimas, cuadros complejos, humanos y brutales del hombre que se convirtió en el mayor capo de la droga del mundo moderno y en un sanguinario que arrinconó a la sociedad en la que vivió con su imperio de poder, riqueza y delirio y su posterior caída.
Este libro inspiró la famosa serie El patrón del mal, cuya aparición 2012 le dio un segundo aire al libro. Para la presente recuperación en Debate tendremos un prólogo de Andrés Parra, el actor que hizo de Escobar en la serie.
Alonso Salazar es uno de los cronistas más lúcidos del país. No nacimos pa’semilla, Luis Carlos Galán, profeta en el desierto y No hubo fiesta. Crónicas de la revolución y la contrarrevolución, prueban su capacidad como periodista y su agudeza para abordar los temas más oscuros de la realidad nacional.
El sistema institucional de Estados Unidos, uno de los más admirados del mundo, lleva tiempo dando señales de mal funcionamiento. Las hostilidades políticas tuvieron como resultado la presidencia de Donald Trump y la irrupción de una turba tan pintoresca como peligrosa en el Capitolio durante el intento de golpe de Estado del 6 de enero de 2021. Sin embargo, los problemas se acumulaban desde hacía décadas y continúan después, como observa en este lúcido ensayo Josep Colomer, el politólogo español de mayor prestigio internacional. El diseño institucional de la potencia norteamericana, basado en la separación de poderes entre el Congreso y la Presidencia con solo dos partidos, crea incentivos perversos para el antagonismo y el surgimiento de encarnizadas rivalidades políticas y territoriales. Solo frente a un enemigo exterior que se aparezca como una amenaza existencial, como ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, se contienen las fracturas internas y se apartan los temas conflictivos que las instituciones no pueden resolver con éxito y de forma duradera. Trascendiendo las anécdotas más o menos coloridas, La polarización política en Estados Unidos es un análisis brillante y desapasionado de las raíces de la mayor paradoja de las democracias occidentales: el deterioro de la eficacia de los gobernantes genera una creciente crispación de la escena política.
«Las culturas, todas las culturas, recientes o ancestrales, originarias o derivadas, inmaculadas o sincréticas, de ayer o anteayer, y también las de mañana, solo valen y merecen el reconocimiento en la medida que respeten, y a su vez reconozcan, los derechos individuales, los mismos que la democracia liberal, dicho sea de paso, cultiva más que cualquier otra forma alternativa de convivencia.»
En los últimos años una nueva concepción del mundo tensiona la convivencia en la esfera pública. Se trata de la política de la identidad. Esta tendencia, en que las personas en vez de esgrimir su condición de ciudadanos iguales proclaman su estatus de miembros pertenecientes a un grupo —sea el género, la etnia o la orientación sexual— para intervenir en la vida política, está afectando la totalidad de los asuntos humanos. El autor, quien ha observado con agudeza las tensiones del presente, rastrea en la literatura filosófica y política las contradicciones, los peligros y las virtudes de la identidad, tal vez el tema más importante de nuestro tiempo.