aya, pollo, tiro, disparo, filete, fila, soplo, merca, coca, nieve, mandanga, farlopa, blanca...
El clorhidrato de cocaína ha recibido numerosos nombres. Ya a finales del siglo XIX, Sigmund Freud dijo de ella que era una «sustancia maravillosa». Pero, en 2025, la dama blanca asesina en cada rincón del mundo: desde que se recoge, ya sea en Perú, Bolivia o Colombia, hasta que alguien la consume en Tokio, Madrid, Las Vegas o Kinsasa.
Hay quien se mete de forma esporádica: en la discoteca, cuando el alcohol la reclama. Hay quien la toma a mitad de mañana, para estar más despierto frente a la pantalla del ordenador o sobre el andamio. Y hay quien recurre a ella nada más despertar, porque su adicción es tan grande que ya no tiene fuerzas ni para levantarse de la cama.
España es uno de los epicentros mundiales de llegada, cocinado y distribución de farlopa. Aquí se consume sólo una parte; otra simplemente pasa por nuestro país, silenciosa, pero dejando siempre un rastro. Esa huella apenas visible es la que han seguido los autores de Narco, S. A.