Prohibida en distintos países tras su publicación, Agosto es un mes diabólico es el hirviente relato de una mujer que se redescubrirá durante un viaje a la Riviera Francesa. Ellen vive en una ciudad que le disgusta, un lugar que niega su pasado y no ofrece ninguna esperanza para su futuro. Separada y con un hijo, está determinada a cambiar su vida. Por ello, abandona Londres en busca de sol y compañía, pero el camino no resultará fácil. Al recibir de pronto una noticia desgarradora, descubre que hay una fina línea entre la independencia y la soledad. Una novela de «fulgurante energía» (Colm Tóibín) que confirmó a Edna O’Brien como «una revolución en la escritura irlandesa» (John Banville).
Año 112. Marco Claudio Luceyo, uno de los ingenieros más reputados de Roma, llega a Segovia con un encargo del emperador Trajano: levantar el acueducto que cambiará la ciudad.
En el proyecto trabajará con Lucio, un joven aprendiz de cantero con un pasado oculto y grandes anhelos de prosperar. Mientras ven alzarse la impresionante obra, ambos deberán enfrentarse a la corrupción política y a las intrigas en un imperio donde algunas personas con poder pretenden aprovecharse de la construcción. Lucio, atormentado por los recuerdos borrosos de su infancia y por un corazón que se debate entre el amor y el prestigio, hallará en el acueducto la oportunidad de transformar su vida… si realmente lo desea.
¿Dónde están los límites del lenguaje? Este texto es una vivencia —no una reflexión— sobre esos límites. Para avanzar más allá, en busca de la «entrelínea», la voz femenina que nos habla deberá pedir auxilio a la música, y en especial a la pintura, para acercarse al it, ese punto central de lo vivo que Lispector persiguió en todas sus obras.
Vaga epístola a un destinatario mudo, Agua viva supera en todo momento las fronteras de esa amplia familia de las cartas de desamor a la que en parte pertenece. Más allá de la pasión, el texto apunta —con todas las armas: palabra, color y nota— al centro de la vida, y desafía a la muerte con su defensa de la alegría.
¿Dónde están los límites del lenguaje? Agua viva es una vivencia sobre esos límites. Vaga epístola a un destinatario mudo, esta obra supera en todo momento las fronteras de esa amplia familia de las cartas de desamor a la que, en parte, pertenece. Desafiando los límites y sin concesiones a la convención, este libro inaugura un espacio compartido entre quien escribe y quien lee. Una obra fundamental dentro de la producción literaria de la autora, así como de la literatura en lengua portuguesa.
Cuando vuelve de hacer compra, la criada Félicie descubre que han asesinado a su empleador, el jubilado Jules Lapie. Llamado a investigar, el comisario Maigret no tarda en darse cuenta de que esa joven poco agraciada sabe más de lo que dice, pero también de que su carácter soñador la hace proyectar en la realidad anhelos y fantasías románticas.
¿Cómo conseguir que confíe en él? ¿Y a quién protege con su silencio? Pocas veces un testigo ha causado tantos problemas al famoso comisario.
Si, como dijo Alfonso Reyes, el ensayo es el centauro de los géneros, la crónica es un mestizo más exótico o salvaje: el grifo de la literatura. Este libro es una jaula sin barrotes donde merodean algunas de esas criaturas: la marchita eternidad de Acapulco y la vocación de Mazatlán como food court del alma; una temporada de rockstar en el desierto y un recuerdo del Mundial de Alemania 2006 robado por el autor a un examante de su novia; un hotel en Shanghái donde toca la banda de jazz más antigua del mundo y la visita de la reina de Inglaterra al puerto de La Paz, Baja California Sur; el brutal asesinato de una adolescente chilena en la región del Maule y un retrato a mano alzada del Fiscal de Hierro, persecutor de guerrilleros suicidas, homeópatas marxistas y gavillas narcomatriarcales que protagonizó la lucha contra la delincuencia organizada en los años setenta en Nuevo Laredo.
Las ocho narraciones de este libro realizan una de las suertes mayores de la literatura: ir de lo íntimo a lo general, o viceversa. También nos recuerdan que no hay promesas sin resaca.