Francia y la poesía fueron los primeros grandes amores de Stefan Zweig, que dedicó una buena parte de su obra a sacar de su «aparente oscuridad» a los genios de la creación y contagiar así sus pasiones a los lectores. A petición de la editorial berlinesa Schuster & Loeffler, el joven escritor compuso esta breve monografía sobre Paul Verlaine, su primer ensayo biográfico. Esta pequeña joya publicada en 1905, que incluye traducciones de algunos de los poemas más emblemáticos del poeta, inauguró en la carrera de Zweig un género literario en el que desplegaría todo su talento y sensibilidad.
La periodista y divulgadora Natalia Monje elige para su primera novela una trama antropológica con toques de folk horror, sobre la construcción del enemigo y del miedo, y la manera en que eso se perpetúa en prácticas oscuras que, aunque parecen desaparecidas, pueden reactivarse con un pequeño cambio.
Su protagonista es una investigadora que se topa en una aldea de la Galicia rural con la terrible muerte de una mujer embarazada, aparentemente atacada por un buey semental. Lo que parece un accidente toma un sesgo más siniestro cuando resulta que el cadáver del feto no aparece por ninguna parte.
Antonio José Bolívar Proaño vive en El Idilio, un pueblo remoto en la región amazónica de los indios shuar; con ellos aprendió a conocer la selva y a respetar a los animales y a los indígenas que la pueblan, pero también a cazar el temible tigrillo. Un día decidió leer las novelas de amor que dos veces al año le lleva el dentista Rubicundo Loachamín. Con ellas se aleja de la estupidez de esos forasteros que creen dominar la selva porque van armados pero que no saben cómo enfrentarse a una fiera enloquecida: de eso se ocupará el viejo Bolívar Proaño.