Es con mucha delicadeza y honestidad que el sociólogo Didier Eribon nos invita a acompañarlo en su genealogía de una ruptura. Pues de eso se trata y siempre se trató desde su adolescencia: arrancarse de un mundo social, familiar, popular y de provincia cuyos valores y sensibilidades nunca compartió. Un mundo caracterizado por la pobreza, la homofobia y la xenofobia, del que decidió escapar yéndose a vivir su homosexualidad y forjar su universo intelectual en la gran capital, París. Mundo social con el que se reencuentra, décadas más tarde, en ocasión de la muerte de su padre.
¿Es posible dejar definitivamente atrás su propio pasado? ¿Es posible no ser prisionero de su propia historia? ¿Cómo enfrentar los fantasmas de un pasado doloroso que no quiere pasar y que nunca deja de volver a la superficie, puesto que se encuentra inscripto en lo más íntimo de nuestro cuerpo, de nuestra sensibilidad, de nuestra identidad social e individual?
Enero de 1946. Tras diez años de ausencia, Hilde Spiel regresa a su Viena natal como corresponsal de guerra de la revista británica New Statement. Vuelve a un Estado devastado por la guerra, ocupado igual que Berlín por las cuatro potencias vencedoras en la II Guerra Mundial. Extranjera en su tierra, y a la vez profundamente vienesa en su mirada, Spiel asiste a los esfuerzos de reconstruir un país nuevo y de olvidar la complicidad de muchos austriacos con el nazismo. Austria año cero, este podría ser el título de estas memorias personales, en las que Hilde Spiel, con su uniforme del Ejército británico, recorre las calles de su ciudad natal en busca de las huellas del pasado en un presente cambiante e incierto. Su estilo elegante y ágil convierte esta visita a las ruinas del viejo Imperio austrohúngaro en un viaje apasionante y evocador.
La primera de ellas es Petronila de Aragón (r. 1137-1173), fundamental por ser el «cimiento» sobre el que se construyó la corona de Aragón tras su matrimonio con el conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. La aportación de la segunda, Violante de Aragón (r. 1252-c.1300), reina de Castilla un siglo más tarde al casarse con Alfonso X el Sabio, fue su capacidad para resolver importantes problemas diplomáticos. Sin embargo, mientras a su marido se le han dedicado muchos estudios, su figura y labores han merecido escasa atención. Y, otros cien años después, Blanca de Borbón (r. 1353-1361), la primera de su familia en pisar la tierra que actualmente comprende España para convertirse en reina de Castilla, no destaca en realidad por sus grandes contribuciones. Merece atención sobre todo porque el maltrato que padeció de su marido, Pedro I el Cruel, lo cual contribuyó al descrédito de este, y, como consecuencia, al cambio de dinastía en Castilla, que empezó a estar regida por los Trastámara.