Un viaje introspectivo que combina autobiografía y reflexión filosófica para interrogar el enigma de la fascinación. Desde la figura del indio Gerónimo y los dioses de la niñez hasta los fantasmas del franquismo y el asesinato de Puig Antich, el autor explora cómo la contemplación, la pasividad creadora y el deseo ("esa distancia justa" entre cautiverio y libertad) nos sitúan ante un más allá del tiempo y la memoria. En un mundo que él describe como un "Auschwitz generalizado", Miguel Morey se pregunta si la poesía y la moral podrían ser la única salida, y si la patria posible no será acaso la huida, la fuga. La obra, ganadora del XXII Premio Anagrama de Ensayo (1994), se presenta como una "novela familiar" irónica, y un ensayo al mismo tiempo, que no pretende respuestas fáciles, sino abrir interrogantes.
En una época en que la literatura política y la crítica cultural están dominadas por una aplanadora ortodoxia moralista, los ensayos de David Rieff ofrecen un estimulante antídoto. Además de ser uno de los comentaristas más perspicaces del mundo sobre temas globales, Rieff se ha erigido en los últimos años como uno de los críticos más francos y valientes de las patologías de la política de la identidad, en particular de su comprensión groseramente simplista de lo que significa pertenecer a una cultura o comunidad, su fracaso fundamental para captar el verdadero valor de las artes y su creciente desprecio por la libertad de expresión y los cauces legales.
Una antigua tradición gnóstica afirma que, antaño, en el cielo se libró una lucha entre los partidarios del arcángel Miguel y los secuaces del Dragón. Los ángeles que no tomaron partido fueron condenados a vivir en la Tierra. Somos, pues, el fruto de una vacilación olvidada, de una antigua incapacidad para elegir que ahora nos obliga, con desespero, a abrazar cualquier causa o cualquier verdad. ¿Cuál puede ser entonces la esencia de la Historia sino el engaño y la insustancialidad? Para apoyar su visión de la Historia, Emil Cioran analiza en Desgarradura los periodos de decadencia, que vislumbran ya su fin y dejan al descubierto la inanidad de cuanto perseguimos y la inutilidad de todo progreso.