Un deslumbrante viaje a través de dos mil años de audaces ideas y experimentos utópicos que exploran otras formas de organizar nuestra vida cotidiana, y un viaje trotamundos a comunidades que ya están poniendo en práctica estas visiones en la actualidad. En el siglo vi a. C., el filósofo griego Pitágoras fundó una comuna en un pueblo costero del sur de la actual Italia. Allí, hombres y mujeres compartían sus posesiones, vivían como iguales y se dedicaban al estudio de las matemáticas y los misterios del universo. Desde entonces, los seres humanos hemos ideado mejores formas de organizar nuestra convivencia, compartir nuestras propiedades, criar a nuestros hijos y determinar quién forma parte de nuestras familias. Algunos de estos experimentos duraron un breve periodo de tiempo, pero otros siguen vigentes hoy en día. La pensadora feminista Kristen R. Ghodsee nos invita a explorar lugares que se han atrevido a reimaginar cómo podríamos vivir nuestra vida cotidiana: comunidades danesas de vivienda colaborativa que comparten las tareas y estrechan los lazos de vecindad, ecoaldeas matriarcales colombianas en las que las residentes cultivan todos sus alimentos o los microdistritos planificados en la Unión Soviética, que garantizan que todo lo que pueda necesitar un hogar esté cerca. Utopías cotidianas ofrece una visión radicalmente esperanzadora de cómo construir sociedades más satisfechas y conectadas.
Hace unos años, Linda Kinstler se enteró de que un hombre que llevaba décadas muerto —un nazi que había pertenecido al mismo comando asesino que su abuelo— era objeto de una investigación judicial en Letonia. Se trataba de Herberts Cukurs, el «carnicero de Riga», un célebre aviador que, tras la Segunda Guerra Mundial, huyó a Brasil hasta que el Mosad lo asesinó en 1965. Debido a la desidia de la fiscalía y al blanqueamiento de la biografía de Cukurs en nombre del orgullo patrio, existía el riesgo de que el proceso desembocara en su absolución. Como sucedía en otros lugares de Europa, algunos hechos incontestables y arduamente probados del Holocausto eran puestos en tela de juicio al mismo tiempo que morían sus últimos supervivientes, es decir, sus últimos testigos legales.
Guiada por las reflexiones del estudioso Yosef Yerushalmi, que se pregunta si el antónimo del olvido no es la memoria sino la justicia, Kinstler investiga la historia de su familia y se sumerge en los archivos de diez países para reflexionar sobre los desafíos legales y morales que presentan los crímenes del nazismo en pleno siglo xxi. ¿Cómo defender la verdad y la dignidad de las víctimas cuando se apagan sus voces? ¿Qué papel le corresponde a la justicia en una época en que, al amparo de ideologías ultranacionalistas, proliferan la negación y el revisionismo?
Hace cinco siglos, el 13 de agosto de 1521, caía Tenochtitlán, la otrora esplendorosa capital del Imperio azteca y ahora tan devastada como sus habitantes, exterminados por la guerra, el hambre y la viruela. Un mundo, el de Moctezuma y Cuauhtemoc, el de Huitzilopochtli y el Tezcatlipoca, se extinguía, y otro, el de Cortes y Malinche, el de Cristo y la Virgen de Guadalupe, nacía. Un hito en la historia universal, que supuso un bocado de león en la conquista española de America y que marcó el nacimiento del país mestizo que es Mexico. Un hito doloroso, pero que cinco siglos despues sigue asombrando: ¿cómo pudieron Cortes y su puñado de españoles, prácticamente incomunicados, en medio de un mundo que les era totalmente ajeno y extraño, conquistar un Imperio que se enseñoreaba sobre una vasta parte de lo que hoy es Mexico? ¿Cómo pudieron escapar en la Noche Triste y vencer a los guerreros águila y jaguar en Otumba?
En Venecia, el pasado y el presente se entretejen de forma curiosa, los venecianos no se han recuperado del todo de la pérdida de la gloria, quizá no la hayan aceptado siquiera, de modo que en el fondo de sus pensamientos, su ciudad sigue siendo la Serenísima, la Novia del Adriático. Esta mezcla de resignación y persistencia da a la gente un toque de melancolía, una tristeza semejante a la laguna, lisa y seca.» A menudo clasificado como el mejor libro de viajes jamás escrito, Venecia no es ni una guía ni un libro de Historia sino una apasionada inmersión en la vida y en el carácter venecianos. Jan Morris logra capturar el temperamento y el alma acuática de la ciudad guiándonos por sus calles a través de sus sonidos, olores, luces y colores. No hay rincón de Venecia que no haya investigado y al que no haya devuelto la vida. Jan Morris visitó Venecia por primera vez de joven durante la Segunda Guerra Mundial siendo el soldado James Morris.
No encontrarás una descripción de edificios que albergaron a locos, sino matices y anécdotas de los locos y los cuerdos que los habitaron.
El protagonista de los dos libros anteriores (sobre cementerios y cárceles) escribe cartas al autor durante la pandemia y en cada una le habla de un manicomio diferente.
Los relatos están plagados de anécdotas, unas muy desagradables y otras más asequibles, incluso las hay divertidas y, sin duda, todas sorprendentes. No se recrea en el morbo, provoca que el lector se enganche y quiera saber, pero sin sufrir más de la cuenta.
Al final de cada capítulo recomienda una película y una canción que tienen alguna relación con el manicomio explicado.
Son muy conocidas las Fábulas de Esopo, pero no ocurre lo mismo con su vida. Esta Vida de Esopo que tienes en las manos —suerte de novela picaresca y de aventuras construida con estampas— nos narra las andanzas de aquel esclavo feo y simpático que acabó convertido en filósofo. Una historia tan erudita como popular, con graciosos diálogos picados que se balancean entre la dialéctica pura, los ditirambos lingüísticos y los malabarismos con la lógica.