Este álbum marca un regreso a la aventura. Comienza a aparecer en el semanario Tintín, en septiembre de 1966, cuatro años después del fin de Las joyas de la Castafiore. Aquí nos reencontramos con Rastatopoulos, al que creíamos ahogado al final de Stock de coque, y a su amigo Allan. Aparece una nueva figura: el riquísimo Lazlo Carreras, el hombre que no ríe jamás. Carreiras es un millonario propietario de aviones, de compañías petroleras, de la bebida Sani-Cola. Este personaje fue inspirado por Marcel Dassault.
Un meteorito se dirige hacia la tierra y muchos presagian el fin del mundo. Tintín acude al observatorio astronómico donde conoce al profesor Calys. Por suerte los presagios no se cumplen y solo llega a la tierra un fragmento del meteorito, que cae en el océano Ártico. Al advertir la presencia de un elemento desconocido, el profesor Calys organiza una expedición en el navío Aurora, de la que forman parte Tintín y el capitán Haddock. La estrella misteriosa será en primer álbum diseñado ya directamente a color y fue publicado en el año 1942.
Tintín emprende esta vez un viaje a Escocia siguiendo la pista de unos malhechores. Descubrirá el secreto que encierran los muros del castillo de Ben More, en la isla Negra, y a su misterioso monstruo. La isla Negra aparece en Le Petit Vingtième del 15 de abril de 1937 al 16 de junio de 1938. El álbum fue editado por primera vez a finales de 1938 en blanco y negro. En 1943 se pasó a color reduciendo el número de páginas a 62. En el año 1965 , al realizarse la traducción inglesa, el editor británico señaló a Hergé numerosos errores que contenía este volumen desde el punto de vista inglés. Hergé envió a su colaborador Bob de Moor a Inglaterra con la lista de errores y el encargo de rejuvenecer y autentificar la historia. Así La isla Negra fue totalmente redibujada y modernizada. Es de observar que ya en la edición de 1937 sale un televisor, y aunque los primeros ensayos datan de 1923 era aún entonces un invento relativamente confidencial.
Después de dos años de ausencia en los que ha viajado a Perú y Bolivia, la expedición etnográfica Sanders-Hardmuth regresa a Europa habiendo descubierto varias tumbas incas. Se han traído la momia del inca Rascar Capac, también llamado «el que desencadena fuego del cielo», que llevaba puestas valiosas joyas de oro macizo. Al cabo de poco tiempo, todos los participantes de la expedición van cayendo víctimas de un mal misterioso, y siempre que eso ocurre son hallados los fragmentos de una pequeñas bolas de cristal.
La Castafiore anuncia su llegada a Moulinsart, y el capitán intenta huir de viaje a toda prisa, pero tropieza con un escalón roto que aún no han venido a arreglar y se rompe los ligamentos. Nace el rumor de una relación sentimental entre la cantante y el ?viejo lobo de mar? y se llena todo de paparazzis. Y desaparecen las joyas... En este álbum no hay viajes ni grandes aventuras, y ahí está la gracia de Hergé para conseguir mantener la intriga. Toda la acción sucede en Moulinsart, dentro y en los jardines y alrededores del castillo. Según nos cuenta el mismo Hergé: ?Al empezar este álbum, mi intención era también la de simplificar, la de entrenarme a narrar, esta vez, una historia en la que no pasase nada, sin recurrir al exotismo. Simplemente para ver si era capaz de mantener al lector en vilo hasta el final?.
Tintín viaja en un crucero con destino al Extremo Oriente. A bordo conoce al extraño egiptólogo Filemón Ciclón quien viaja en busca de la tumba del faraón egipcio Kih-Oskh. Tintín le acompaña hasta la tumba y allí descubre los misteriosos cigarros, que esconden algo más que tabaco. Entonces es secuestrado y abandonado en el mar, pero se salva y desembarca en Arabia. Después de numerosas peripecias va a parar a la India, donde se aloja en casa del Maharajá de Rawhajpurtalah. Aparecen aquí personajes que luego encontraremos de nuevo: los inefables policías Hernández y Fernández, el malvado Rastapopoulos y el peculiar Oliveira de Salazar. Los cigarros del Faraón empiezan a aparecer en Le petit Vingtiéme el 8 de diciembre de 1932. Era la época en que la noticia de la maldición de la tumba de Tutankamon ocupaba muchas planas de los periódicos sensacionalistas. Este tema interesó a Hergé de tal forma que años más tarde lo volvió a plantear en Las 7 bolas de cristal.