Durante los primeros meses de vida, el bebé aprende a través de los sentidos, por eso es tan importante hablarle y cantarle para desarrollar el sentido del oído, o acariciarle y abrazarle para trabajar el tacto. Su sentido de la vista al nacer tiene tan solo un 5% de la capacidad de un adulto, por lo que es muy aconsejable la estimulación visual temprana a través de libros y fichas de figuras de alto contraste en blanco y negro.
Cuando el bebé cumple un año, su capacidad visual ha mejorado mucho. Ya no se limita a las figuras en alto contraste en blanco y negro y color, sino que incorpora la percepción del volumen tridimensional. En esta etapa hay que ofrecerle libros y fichas con imágenes mucho más definidas, que reflejen la realidad con más exactitud y que le inciten a señalar y nombrar, ampliando sus conocimientos y su vocabulario.
A partir de los tres meses de vida, el sentido de la vista del bebé evoluciona y, además de distinguir el blanco y negro, ya es capaz de percibir los colores primarios rojo, amarillo y azul. Esta práctica tiene múltiples beneficios, como localizar la atención, fortalecer su memoria, fomentar su curiosidad, mejorar su coordinación, ayudar al procesamiento de información y fortalecer el vínculo entre el bebé y sus progenitores.
A partir de los seis meses de vida, la capacidad visual del bebé, que hasta entonces solo distinguía el blanco y negro y tres colores primarios, se ha ampliado hasta ser capaza de percibir el espectro completo de colores. La estimulación visual ahora tiene que incluir toda la paleta de color en las figuras de animalitos y objetos, que serán mas realistas y se acompañan de onomatopeyas y palabras sencillas para construir su primer vocabulario.
La primera destreza escolar, el aprendizaje de la lectura, puede adquirirse pasito a pasito con estos tres libros evolutivos (letras-sílabas-palabras) llenos de animalitos encantadores que hablan en verso y escriben con pauta caligráfica, mayúsculas y minúsculas