En una sociedad que glorifica el poder económico, tecnológico y político, en la que la subyugación ciudadana se disfraza de progreso, es más urgente que nunca cuestionarlo todo en libertad.
Hay infinitas maneras de intentar saber qué es el poder, cómo se ha ejercido tradicionalmente y de qué forma cabe entenderlo hoy, pero la que se propone aquí, en Mandar y obedecer, expresión cervantina, es única por su enfoque, profundidad histórico-literaria y mordaz sentido del humor.