El «punto cero» es el nivel del suelo, el fondo, el lugar al que uno se repliega y desde el que vuelve a reagruparse. Tomado de un texto de Vladímir Lenin de 1922, La ascensión a las altas montañas, en el que reflexiona sobre la complejidad de «retirarse» sin traicionar la causa, el símil del alpinista se convierte en un modelo de resiliencia, flexibilidad y persistencia de la esperanza. Es la figura del revolucionario encarnando el lema beckettiano: «Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor». En manos de Žižek, esta fórmula sirve para enfrentar los antagonismos del orden mundial existente.
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