Este libro pretende ante todo dos cosas: primero, generar la impresión de que el pensamiento continental dominante, representado por las autoridades filosóficas que emergen alrededor del mayo francés del 68, ya no responde a las necesidades de pensar nuestro presente. Su segundo objetivo es más polémico y arriesga una hipótesis. El pensamiento contemporáneo tiene difícil conectar con los problemas actuales cuando se decidió por la abstracción heideggeriana del Ser en lugar de perseguir el pensamiento de la tierra como trascendental de las experiencias originarias, propio del último Husserl.
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