LAS EDADES DE LULU (MAXI) (BOL)

Las edades de Lulú: Sumida todavía en los temo­res de una infancia carente de afecto, Lulú, una niña de quince años, es seducida por Pablo, el amigo de su hermano mayor por el que desde pe­queña siente una rendida fascinación. Después de esta primera experiencia, Lulú, niña eterna, acepta el desafío de prolongar indefinidamente, en su peculiar relación sexual, el juego amoroso de la iniciación y el sometimiento. Pero el sorti­legio se rompe cuando Lulú, ya con treinta años, se precipita, indefensa pero febrilmente, en el in­fierno de los deseos peligrosos.
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Las edades de Lulú: Sumida todavía en los temo­res de una infancia carente de afecto, Lulú, una niña de quince años, es seducida por Pablo, el amigo de su hermano mayor por el que desde pe­queña siente una rendida fascinación. Después de esta primera experiencia, Lulú, niña eterna, acepta el desafío de prolongar indefinidamente, en su peculiar relación sexual, el juego amoroso de la iniciación y el sometimiento. Pero el sorti­legio se rompe cuando Lulú, ya con treinta años, se precipita, indefensa pero febrilmente, en el in­fierno de los deseos peligrosos.

Especificaciones de productos
Autor GRANDES, ALMUDENA
Editora MAXI TUSQUETS
Encuadernado BOLSILLO
Páginas 280
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Imagen de LA CIUDAD Y LOS PERROS (BOL)
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LA CIUDAD Y LOS PERROS (BOL)

La ciudad y los perros no es sólo un ataque contra la crueldad ejercida a un grupo de jóvenes alumnos del Colegio Militar Leoncio Prado, sino también una crítica frontal al concepto erróneo de la virilidad, de sus funciones y de las consecuencias de una educación castrense malentendida. Aunada a la brutalidad propia de la vida militar, a lo largo de las páginas de esta extraordinaria novela, la vehemencia y la pasión de la juventud se desbocan hasta llegar a una furia, una rabia y un fanatismo que anulan toda sensibilidad.
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MEMORIAS DEL SUBSUELO (TD)

«En una novela tiene que haber un héroe, y aquí se han reunido deliberadamente todos los rasgos del antihéroe», dice el narrador sin nombre de Memorias del subsuelo, que Fiódor M. Dostoievski publicó en 1864 en la nueva revista Época de su hermano Mijaíl, a quien había confesado su inquietud por el «tono áspero y salvaje» del texto. En su primera parte, un funcionario de grado mediano de cuarenta años, ya retirado, se dirige a un imaginario público como un orador: entre burlas, paradojas y violentas interpelaciones, confiesa su orgulloso aislamiento de la sociedad, sus constantes atentados contra «todo lo hermoso y lo sublime» y su firme convicción de que la civilización no podrá salvar al ser humano, condenado por el libre albedrío a desafiar a la razón y saborear el mal. En la segunda parte, a partir del recuerdo de una anécdota de juventud, la novela empieza a poblarse de personajes –tenientes engreídos, amigos aduladores, criados altivos, jóvenes prostitutas– que acaban de perfilar, con sus juergas y sus desaires, el característico universo dostoievskiano. El «subsuelo» desde donde escribe el protagonista es un espacio simbólico de «la falta de contacto con la vida» y del «presuntuoso rencor» que esta genera, pero también un refugio donde reina una falsa sensación de «tranquilidad». Es el lugar donde viven los insectos, las arañas y los ratones, y también el hombre superfluo, «incapaz de amar», ese gran prototipo de la literatura rusa.
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Imagen de LA PENINSULA DE LAS CASAS VACIAS
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LA PENINSULA DE LAS CASAS VACIAS

UNA NOVELA TOTAL SOBRE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA EN CLAVE DE REALISMO MÁGICO He aquí la historia de la descomposición total de una familia, de la deshumanización de un pueblo, de la desintegración de un territorio y de una península de casas vacías. La historia de un soldado que se raja la piel para dejar salir la ceniza acumulada, de un poeta que cose la sombra de una niña tras un bombardeo, y de un maestro que enseña a sus alumnos a hacerse los muertos; de un general que duerme junto a la mano cortada de una santa, de un niño ciego que recupera la vista durante un apagón, y de una campesina que pinta de negro todos los árboles de su huerto; de un fotógrafo extranjero que pisa una mina cerca de Brunete y no levanta el pie en cuarenta años, de un gernikarra que conduce hasta el centro de París una camioneta con los restos humeantes de un ataque aéreo, y de un perro herido cuya sangre teñirá la última franja de una bandera abandonada en Badajoz. He aquí pues la historia total de la Guerra Civil española y de una Iberia agonizante donde lo fantástico apuntala la crudeza de lo real; donde los anónimos miembros de un extenso clan de olivareros de Jándula cruzan sus destinos con los de Alberti, Lorca y Unamuno; Rodoreda, Zambrano y Kent; Hemingway, Orwell y Bernanos; Picasso y Mallo; Azaña y Foxá; donde lo épico y lo costumbrista se entrelazan para tejer un portentoso tapiz, poético y grotesco, bello y delirante. «Con una prosa imprevista, tan original como desacomplejada, David Uclés es un auténtico soplo de aire fresco en las letras españolas».
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