Una tarde después del colegio, Mariola llegó a casa un poco triste. Su madre quiso saber qué le pasaba y, después de dudar un poco, Mariola le preguntó: «Mamá, ¿crees que estoy gorda?»
En un mundo que presiona a niños, adolescentes y adultos con cánones irreales o difíciles de alcanzar, es más importante que nunca sembrar semillas de libertad, de amor propio y de respeto hacia el cuerpo y la vida.
La madre de Mariola no responde con un «sí» o un «no» rotundo, sino que entabla una conversación con preguntas que pretenden abrir una mirada diferente y demostrar total confianza en que su hija encontrará las respuestas adecuadas. Educar no es dar todas las respuestas, sino descubrir caminos de reflexión. Esto es clave en la educación positiva: cuando los niños llegan a sus propias conclusiones, el aprendizaje se vuelve más auténtico y profundo y se siembran las bases de una autoestima sana, un autoconcepto positivo y un sentimiento de comunidad, así como el respeto hacia el propio cuerpo y el de los demás.