En el año 2000, el psicólogo especializado en el duelo William Peters era voluntario en el Zen Hospice Project de San Francisco cuando vivió una experiencia extraordinaria mientras leía en voz alta a un paciente: de repente sintió que flotaba fuera de su cuerpo. El paciente, que también se encontraba en el aire, lo miró y sonrió. A continuación, Peters sintió que regresaba a su cuerpo. pero el paciente no recuperó la consciencia y falleció.
Perplejo y atónito por lo sucedido, Peters empezó a buscar a otras personas que habían vivido experiencias similares. Ha pasado los siguientes veinte años reuniendo y clasificando meticulosamente sus historias para identificar los patrones y rasgos clave de lo que ahora se conoce como «experiencias de muerte compartida».