Los mitos son historias anónimas, transmitidas de generación en generación, y en ellas late la sabiduría y excepcionalidad de las sociedades humanas. El «conócete a ti mismo» ha quedado relegado al «sé tú mismo». El moderno eslogan (principio y fin de tantos libros de autoayuda) nos dice que debemos ser simplemente lo que somos, actuar de manera natural y espontánea, vivir sin complejos, despreocuparnos de todo Pues bien, los mitos nos curan justamente de eso, nos ayudan a no caer en la trampa de la banalidad. La mitología clásica nos proporciona un saber arcano que podemos actualizar. Sabemos que la vida no es un camino de rosas, que hay realidades que no podemos cambiar y tenemos que aceptarlas, pero también que muchas otras circunstancias vitales sí las podemos gobernar. Los mitos nos aportan sabiduría para discernir las primeras e inteligencia para arremeter las segundas. Es cuestión de afinar el oído y escuchar lo que nos revela Apolo sobre el autoconocimiento, Atenea sobre la intimidad, Hera sobre el placer, Narciso sobre las apariencias, Antígona sobre la conciencia, Aquiles sobre el egoísmo...
Ningún siglo se parece tanto al nuestro como el siglo XVII, el tiempo del Barroco.
Vivimos en una nueva edad barroca: otro periodo de luces y sombras, ingenio y mentiras, ilusionismo y ansiedad. Como entonces, el mundo es un gran teatro, y el individuo, un ser solitario enfrentado a la incertidumbre.
La soledad como elección y destino.
Este libro se centra, en primer lugar, en la moral de la España del llamado Siglo de Oro, y en segundo en la de nuestra época en general, en muchos aspectos coincidente con la de aquella: individualismo y postureo; falta de imaginación social y sumisión al orden establecido; entrega a la realidad virtual y preeminencia del miedo.
Y, a la vista está, otro tiempo de ortodoxias imperiales, desigualdad social y pesimismo colectivo. Después de las crisis con las que se ha abierto el siglo XXI, nada es lo que se pensaba. Mientras tanto, la vida transcurre como en un tiempo detenido: sin esperanza de futuro ni nostalgia del pasado. Decidiendo solos, en la incertidumbre.
Cuando muchas filosofías habían concluido que el pensamiento husserliano ya estaba agotado, obras como la presente suponen un renovado impulso en los estudios de fenomenología trascendental. A lo largo de estas páginas, el autor sistematiza de manera original y con inusitada claridad las principales cuestiones de la fenomenología husserliana y revela una nueva dimensión de la experiencia trascendental: la generación constitucional e histórica del mundo de la vida. Con su investigación trata asimismo de explicitar los límites de la fenomenología genética mediante la formulación de una fenomenología generativa. El análisis de fenómenos como el mundo familiar y el mundo ajeno, o como la normalidad y la anormalidad, abre un fructífero camino metodológico para la fenomenología del mundo social y la filosofía contemporánea.
¿Cómo describir el mundo en que vivimos? Žižek lo resuelve con pragmatismo: habla de un mundo loco, en el que las ideologías perdieron relevancia. A partir de tres ejes fundamentales: guerra, cine y sexo, todos los textos de este libro se hilvanan para (intentar) explicar un mundo en crisis.Lo que vemos últimamente es algo que solo podemos llamar tecnopopulismo: un movimiento político con una clara apelación populista (trabajar para el pueblo, para sus “intereses reales”, ni de izquierda ni de derecha) que promete ocuparse de todos mediante una política racional y de expertos; un enfoque pragmático que no moviliza pasiones bajas ni recurre a eslóganes demagógicos. La vergonzosa paradoja que nos vemos obligados a aceptar es que, desde un punto de vista moral, el modo más cómodo de mantener una posición de superioridad es vivir en un régimen moderadamente autoritario.
Esta obra se centra en la vocación y faceta periodística de Ortega mediante las múltiples colaboraciones que llevó a cabo con rotativos como El Imparcial o la creación de la Revista de Occidente. El balance final evidencia que, en la circunstancia orteguiana, el periodismo fue determinante tanto en la forma como en el fondo de su filosofía.
Pocos clásicos están tan vivos, tienen tanto que decirnos, como Michel de Montaigne, autor de los 'Ensayos'. De su mano, este libro intenta dar respuesta a una pregunta que a todos nos concierne: ¿cómo vivir, felizmente, una vida humana? A veces los clásicos se vuelven meros monumentos, fríos y distantes tras su fama y prestigio. Nada más lejos de los 'Ensayos', que aún hoy dialogan con el lector que se adentra en sus páginas. Si en ellos Montaigne se propuso la audaz empresa de pintarse a sí mismo, de conocerse a fondo y darse a conocer a los demás, de descubrirse, al hacerlo descubrió al hombre entero: saliendo en busca de sí mismo, Montaigne nos encontró a todos.