Fundador de la economía clásica y autor de "La riqueza de las naciones", Adam Smith (1723-1790) suele ser tenido sólo como economista, pero el campo de sus intereses intelectuales fue mucho más amplio. Miembro destacado de la Escuela Escocesa de Filosofía Moral y amigo de David Hume, Smith fue un notable moralista, admirador de la severidad estoica y una persona preocupada por las reglas que gobiernan la conducta humana. De hecho, la obra que en su día le deparó más fama fue "La teoría de los sentimientos morales", publicada en 1759 y traducida íntegramente por primera vez en lengua española en esta edición. Según Adam Smith, de la mezcla ponderada de simpatía hacia los sentimientos ajenos y de amor propio, que no egoísmo, surgen valores morales que en última instancia hacen posible que individuos interesados en sí mismos puedan convivir en una sociedad justa, pacífica, próspera y libre. Estudio preliminar y traducción de Carlos Rodríguez Braun "La traducción de 'La teoría de los sentimientos morales' al español por Carlos Rodríguez Braun es excelente".
Un llamamiento a favor de repensar el sistema educativo y premiar la excelencia
El mérito ha sido un valor fundamental desde la Revolución francesa, que defendió la virtud del esfuerzo frente a los privilegios de nacimiento. Desgraciadamente, este principio republicano, fruto de la Ilustración, es atacado a diario desde todos los frentes.
Algo importante se mueve bajo las aguas, antes aparentemente calmas, de la economía y la política democrática. Desde hace algo más de una década, la insatisfacción sobre el comportamiento de la economía en algunos aspectos, los emergentes horizontes tecnológicos y un visible malestar de amplios sectores sociales han dado paso a crecientes deseos de renovación del contrato social vigente.
En el orden de las ideas el cambio es perceptible. Los dogmas que marcaron el final del siglo xx han dado paso a una conversación más abierta. Preguntas cruciales como cuál es el propósito de la empresa, qué papel han de jugar los Estados en la economía, por qué importa la desigualdad, cómo repartir mejor los riesgos entre Estado, empresas y trabajadores, o conciliar la búsqueda de la eficiencia económica con la justicia social tienen ahora nuevas respuestas.
La pandemia, con sus efectos de parada inducida y nuevo arranque, ha acelerado esos cambios, de modo que algunos procesos de transformación parecen proyectarse inexorablemente hacia el futuro. Destacan la llamada doble transición, tecnológica y medioambiental, la ruptura de lo que hemos conocido como globalización o las encrucijadas políticas asociadas al malestar. De todo ello emana la oportunidad de avanzar hacia una nueva prosperidad, pero el camino estará plagado de dudas y riesgos.
En este libro, los autores analizan la complejidad de esa dinámica de cambios múltiples y proponen tejer un hilo -un nuevo contrato social para una economíadigital y verde, pero decididamente inclusiva- quepueda servir para orientarnos en estos laberintos.
En las últimas décadas, las transformaciones del capitalismo han resultado espectaculares. La expansión de la financiarización ha otorgado a la renta una nueva centralidad como forma primordial del beneficio. Del mismo modo, cantidades ingentes de inversión se han desplazado de la instalación de industrias y la compra de bienes de equipo a los mercados financieros. Y en paralelo, la digitalización y la consolidación de las nuevas corporaciones tecnológicas han producido formas de concentración económica (y por ende de influencia política) prácticamente inimaginables en épocas pasadas.
Estas transformaciones nos obligan a plantearnos preguntas radicales: ¿se puede seguir entendiendo esta economía, cada vez más orientada a la renta y cada vez más digitalizada, como propiamente capitalista? ¿No estaríamos asistiendo a una mutación de tales magnitudes que deberíamos calificar como un nuevo sistema socio-económico; uno al que quizás podríamos dar el nombre provisional de «tecnofeudalismo»? Alrededor de estas preguntas, los artículos reunidos en este volumen tratan de sentar los términos de uno de los debates más importantes de nuestro tiempo.
Las disputas comerciales suelen entenderse como conflictos entre países con intereses nacionales contrapuestos, pero a menudo son el resultado inesperado de decisiones políticas internas para servir a los intereses de los ricos, a costa de los trabajadores y los jubilados de a pie. Klein y Pettis rastrean los orígenes de las actuales guerras comerciales en las decisiones tomadas por los políticos y los líderes empresariales de China, Europa y Estados Unidos en los últimos treinta años. En todo el mundo, los ricos han prosperado mientras los trabajadores ya no pueden permitirse comprar lo que producen, han perdido sus puestos de trabajo o se han visto obligados a endeudarse más. Desafiando las corrientes dominantes, los autores nos invitan a reflexionar acerca de cómo las guerras de clase de la creciente desigualdad constituyen una amenaza para la economía mundial y para la paz internacional, y lo que podemos hacer al respecto.
La libertad económica es un requisito esencial para la libertad política. Esta es la tesis central de Libertad para elegir, escrito a cuatro manos por Milton y Rose Friedman. Al permitir a los individuos cooperar voluntariamente, el sistema de libre mercado ejerce de límite al poder coactivo del Estado y actúa como una fuerza dispersora que impide grandes concentraciones de poder económico en unas pocas manos.