En la poesía y el pensamiento de Khalil Gibran se mezclan dos mundos, el occidental y el oriental, en lo que tienen de más sencillo y más místico.
El subjetivismo de sus ideas trata de impulsar al hombre hacia la divinidad; su rebelión se basa en la paz interior que el hombre necesita para seguir siendo, para vivir de forma auténtica. El mundo, con sus obstáculos y sus miserias, no es para Gibran otra cosa que el camino hacia la purificación personal. El ansia de fraternidad, de generosidad, de acercamiento entre los hombres es la vara mágica que hará habitable nuestro mundo, cruel e insolidario, material y desdeñoso de los valores auténticamente humanos.
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