Louisa May Alcott se adelantó a su tiempo. Abolicionista y sufragista convencida, consagró su vida y su obra a hacer del mundo un lugar mejor. Hombrecitos, continuación de la saga iniciada por Mujercitas, se centra en la historia de Jo Bhaer (de soltera, Jo March). La protagonista de Mujercitas vive entregada a los niños de Plumfield, la escuela y guardería que codirige con su marido, Fritz. Gracias a ellos comprendemos que la educación debe ser honesta y garantizar un aprendizaje profundamente humanista. Una muestra inmejorable de las inquietudes literarias y pedagógicas de una de las autoras más queridas de todos los tiempos.
La Ilíada es el poema más antiguo de la literatura occidental y está considerada una de las grandes obras de nuestra tradición. Esta epopeya griega que, como la Odisea, ha sido atribuida a Homero, es un canto al glorioso y trágico desenlace de la guerra de Troya. En la antigüedad se consideraba que este poema se basaba en la historia real y los personajes que aparecían en él eran un modelo de comportamiento y heroísmo. Los acontecimientos que narra tienen lugar en el transcurso de los últimos cincuenta y un días de un conflicto que duró diez largos años, y se desarrollan en torno a la figura del héroe heleno Aquiles, «el de los pies ligeros». A lo largo de los más de quince mil versos de la obra, Homero evoca conceptos centrales en la cultura griega antigua, como el regreso, la gloria, el respeto, la ira y el destino.
El poema consta de 15 675 hexámetros y describe solamente un episodio de la guerra, con una duración de cincuenta y un días, y haciendo especial énfasis en la disputa de Aquiles con Agamenón, la cólera del primero y sus terribles consecuencias. El que pudiéramos llamar «ciclo troyano» comprende además de La Ilíada, los siguientes poemas: La Cipriada, Los Nostoi, La Odisea y La Telegonía.
La Ilíada fue compuesta en verso. Fue concebida para ser recitada, y utiliza por tanto el hexámetro dactílico, un tipo de verso de seis pies en el que se alternan las sílabas largas y breves de un modo que confiere a la recitación un ritmo característico, ideal para ser acompañado con música: el inicio de una ininterrumpida tradición que ha dado lugar a los cantares de gesta, a los romances de ciego y al rap.
Pero han pasado tres mil años. Es tal la distancia temporal, tanta la diferencia de los referentes culturales entre el público que asistía entonces a la recitación y el lector actual de los textos homéricos, que es vano pretender reproducir, siquiera con una mínima aproximación, el efecto que la Ilíada pudo producir en las fechas cercanas a su creación.
Obra maestra pionera y reivindicativa de una de las escritoras más importantes de la literatura europea del siglo XIX.
En el Madrid de finales del siglo xix, Asís Taboada, joven viuda del marqués de Andrade, vive un intenso debate interno sobre la atracción y el deseo que siente hacia el cautivador Diego Pacheco durante las fiestas de San Isidro.
Con Insolación, Emilia Pardo Bazán fue más allá del naturalismo para adentrarse plenamente en la novela realista más psicológica y transgredir los rígidos preceptos de la moral imperante de la época. El resultado es una novela corta pero muy poderosa, que no solo demuestra el enorme talento de la autora gallega, sino que también representa un grito liberador ante las restricciones sociales de las mujeres en un sistema abrumadoramente patriarcal.
Complementa esta edición una selección de relatos breves que plasman la modernidad y la amplitud estilística y temática de Pardo Bazán.
Fray Luis de Granada hace en la Introducción del símbolo de la fe, escrita entre 1583 y 1585, un compendio de lo que todo cristiano debe saber, a la manera de los catecismos, a base de preguntas y respuestas. La originalidad del autor se encuentra en la extensa introducción donde explica los temas principales de la doctrina católica, como pueden ser la creación o la redención, destacando sus virtudes frente a los movimientos heréticos que se vivían entonces.
Cuán admirable cosa es que una pepita tan pequeña de una naranja tenga dentro de sí virtud para que della nazca un árbol tan hermoso como es un naranjo, tan oloroso cuando está florido, y tan vistoso cuando está cargado de fruto. Ni es menor maravilla que en un piñoncillo esté virtud para producir un tan grande árbol como es un pino. Crece aún esta maravilla ?como el Salvador declara en el Evangelio? en el granico de mostaza, el cual, siendo tan pequeño, tiene virtud para que dél nazca un árbol tan grande que se puedan asentar en sus ramas las aves del aire. ¿Quién, pues, fue poderoso para poner en cosa tan pequeña virtud tan grande? Pues desta virtud que hay en las semillas se aprovecha el Apóstol para persuadir el misterio de la resurrección.