Gaziel fue uno de los grandes nombres del periodismo español del siglo XX, compañero de generación de Josep Pla y Manuel Chaves Nogales. Obligado a abandonar el oficio tras las Guerra Civil, vivió un exilio interior de dos décadas en Madrid que dio lugar a este retrato lúcido y desgarrador de la posguerra.
En sus páginas aborda la transformación moral e intelectual del país durante aquellos años, en los que el idealismo fue tornándose pragmatismo, rayando el cinismo. Observa, también, el papel no siempre loable que interpretan grandes mentes de la época, así como la vida cotidiana en un Madrid repleto de personalidades. Gaziel no cesa en su empeño de entender el mundo que le rodea: el encaje de Cataluña en España y el de España en Europa, la lenta recuperación de las democracias europeas y la nueva relación del continente con Estados Unidos. Tampoco faltan referencias a lecturas de clásicos y agudas reflexiones sobre la historia de España o el cristianismo. El resultado es un libro capaz de iluminar una época decisiva de nuestra historia moderna.
Una obra de investigación histórica que se lee como si fuera ficción.
Cómo Hernando Colón, hijo de Cristóbal Colón, creó la primera biblioteca moderna y organizó el conocimiento al mejor estilo de la era digital.
Uno de los experimentos científicos que marcó el siglo XIX y que contribuyó a la cartografía del globo.
En pleno siglo XIX, el explorador Georg Neumayer tuvo una intuición: los mensajes en las botellas podían ser un instrumento de correspondencia y medición oceanográfica. Así que hizo un experimento y descubrió nuevas conexiones globales. Coleccionó mensajes lanzados por capitanes, funcionarios portuarios y pasajeros; hallados por caminantes y pescadores.
De la mano de Wolfgang Struck descubrimos que se esconde bajo esta forma de recabar datos y esta extraordinaria colección: la necesidad de las civilizaciones de comunicarse y las ansias de conquista de tierras ignotas.
En "Mercaderes y banqueros de la Edad Media", el gran historiador francés Jacques Le Goff estudia una de las figuras más características y atractivas de la Cristiandad medieval, mostrándonos la actividad del mercader-banquero del Occidente europeo entre los siglos xi y xv, desde su trabajo en el mercado hasta sus relaciones sociales, sus ideas políticas, creencias religiosas y gustos artísticos. En este ejercicio modélico de la «nueva historia» --cuyo objetivo es integrar lo individual con lo colectivo, lo político con lo social, económico y cultural, en pos del ideal de una «historia total»-, y al reclamar el «derecho a la historia» de los mercaderes y banqueros medievales, Le Goff reivindica una imagen distinta de la Edad Media occidental, no sólo hecha de campesinos, monjes y caballeros, sino también de otros personajes, precursores indiscutibles de la modernidad.
Entre las figuras que influyeron poderosamente en la configuración de Oriente Medio tras la Primera Guerra Mundial, quizá la más olvidada sea Gertrude Bell (1868-1926), conocida como la «reina del desierto». Aventurera incansable, escaladora, arqueóloga, políglota y espía, trazó fronteras y participó en los complejos juegos de poder del Imperio británico. Esta novela rescata su intensa vida, con sus luces y sus sombras, en un contexto trufado de conflictos territoriales, sangrientos intereses coloniales y nacionales (tanto de Gran Bretaña como de Francia y Alemania) y sed de petróleo en una región mítica y maldita, tierra del diluvio y de Babel, tumba de Alejandro Magno: la codiciada Mesopotamia. Gertrude fue también una hija amada de una rica familia victoriana, pero incomprendida por sus pares. Junto a esta mujer apasionada en el amor, idealista y enigmática, desfilan por estas páginas personajes tan fascinantes como el torturado Lawrence de Arabia o un joven Winston Churchill (secretario de Estado para las Colonias tras el desastre de Galípoli), que marcaron, junto a otros, el devenir de territorios como Siria, Palestina, el Kurdistán y el futuro Irak.
Mesopotamia, el país regado por los ríos Tigris y Éufrates, fue la tierra del gran héroe Gilgamesh, el rey de Uruk que no quería morir, y de la torre de Babel, el monumento bíblico de la confusión de lenguas. A pesar de su relevancia histórica como cuna civilizadora, el mundo mesopotámico es un gran desconocido. Solo parece accesible a un minoritario y selecto club, el de los asiriólogos y los arqueólogos orientalistas capaces de descifrar la escritura cuneiforme y de leer los estratos de las viejas colinas de adobe que salpican la antigua geografía de Iraq y de Siria.
Con la finalidad de dar a conocer cuál fue la contribución de los mesopotámicos a la historia de la humanidad, nace la presente obra de Juan Luis Montero Fenollós, que es fruto de su larga experiencia arqueológica en yacimientos de Oriente Próximo. El resultado es un libro en el que el autor explica el verdadero significado histórico y cultural de la antigua Mesopotamia. Y lo hace a través de una cuidada selección de siete grandes áreas temáticas: el agua, la ciudad, la realeza, la justicia, la escritura, la religión y la muerte.