Manuel Chaves Nogales (1897-1944) ofrece una crónica incisiva del colapso de Francia ante Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Instalado en París desde 1936, el periodista fue testigo directo de la desmoralización del ejército francés, la ineficacia burocrática y la creciente desconexión entre líderes y ciudadanos que sirvieron como caldo de cultivo para el egoísmo y la indiferencia que posibilitaron el régimen de Vichy.
El impacto que las ruinas monumentales de la antigua Roma tienen hoy sobre el visitante no pude ser sino pálido reflejo de lo que sintieron aquellos que las conocieron en su esplendor. ¿Cómo no sentirse deslumbrado, apabullado, insignificante, ante el Coliseo? ¿Cómo no sentirse parte de algo enorme, todopoderoso y eterno, de un imperium sine fine, al visitar los templos del Capitolio o pasar bajo un arco que celebraba victorias conseguidas donde acababa el mundo? ¿Cómo no pensar que el emperador era casi un dios cuando el sol sacaba destellos al coloso de Nerón o cuando disfrutabas de la munificencia de Caracalla en unas suntuosas termas? En Roma, como también actualmente, la arquitectura y el ordenamiento urbano no son inocentes, y este libro muestra el impacto que los edificios y programas edilicios tuvieron sobre la conciencia pública de los romanos, sobre su propia imagen y percepción, y sobre las relaciones entre emperador y súbditos.
¿Camina la «atlantología» por un sendero errado? ¿Hemos ignorado incongruencias trascendentales en el relato de Platón? ¿Manejamos mapas históricamente adecuados? ¿Y si la clave que nos acercaría a la resolución del enigma no se hallara en el célebre estrecho de Gibraltar, sino en el desconocido e inexplorado estrecho de Coria? ¿Hacia dónde nos conduce el rastro del tsunami que habría puesto fin drásticamente al Imperio calcolítico? ¿Acaso alberga la ciudad de Sevilla los vestigios de la Atlántida?
Los diálogos platónicos Timeo y Critias nos situaron tras la pista de una fascinante civilización perdida que aún hoy permanece sumida en la nebulosa del mito. ¿Fantasía o realidad? Entre quienes valientemente se han propuesto escrutarla desde el prisma de la ciencia en los últimos tiempos, muchos especialistas, lastrados por una ahistórica e inexacta interpretación de las fuentes escritas, han pasado por alto detalles cruciales que, como a Schulten en su búsqueda de Tartessos, los habrían acercado a la verdad. La presente obra, fruto de casi treinta años de trabajo, consolida un insólito giro de las investigaciones que, frente a la idea del golfo de Cádiz, apunta a la antigua Híspalis como epicentro atlante: mediante un riguroso análisis de los textos y sus traducciones, y una mirada interdisciplinar a los últimos hallazgos geológicos y arqueológicos, el autor reconstruye de manera inaudita el mapa y los acontecimientos descritos por el filósofo y, contrastándolos, nos retrata la naturaleza de la Atlántida como nunca antes.
«En La Biblia en España, Borrow no desempeña el papel de un espectador lejano, se sitúa a la misma altura de lo que describe y valora. Se inmiscuye, se siente personalmente aludido con todo lo que acontece y sabe acercar su mirada a la curiosidad del lector. Además de su perspicacia de buen observador –que describe con entusiasmo cuanto ve y surge a su paso–, como escritor contó con la admirable facultad de convertir cada escena contemplada en un espectáculo narrativo. Gracias a su pluma, siempre hay, en cada página, un acontecimiento que cobra vida.» (De la Introducción de Alberto González Troyano)
The Bible in Spain se publicó en Londres en 1842. Entonces su triunfo fue inmenso. En el primer año se agotaron seis ediciones de a mil ejemplares en tres volúmenes, y una edición de diez mil ejemplares en dos tomos. Dos veces reimpresa en Norteamérica aquel mismo año y traducida enseguida al alemán, francés y ruso; en 1911 iban publicadas de La Biblia en España más de veinte ediciones inglesas. Sin embargo casi ochenta años tuvo que esperar este libro para que tuviera su primera traducción al español que fue obra de Manuel Azaña.
De Marx a Balzac, de Lenin a Shakespeare, de Zola y H. G. Wells a Conrad, Stalin reunió libros como otros acumulan batallas.
Iósif (José) Stalin, figura clave del siglo XX, es recordado como un líder férreo, arquitecto de un régimen que combinó la industrialización forzada con una represión brutal. Sin embargo, detrás del mito del tirano omnipotente se oculta un aspecto poco conocido y profundamente revelador: Stalin fue un lector apasionado, un autodidacta minucioso que reunió una biblioteca personal de más de 20.000 volúmenes.
En La biblioteca de Stalin, el historiador Geoffrey Roberts, especialista en historia soviética y autor de obras aclamadas sobre la URSS, ofrece un acceso sin precedentes a la mente del dictador a través de sus libros. A partir de subrayados, anotaciones manuscritas y selecciones temáticas, reconstruye su itinerario intelectual y muestra cómo la lectura fue una herramienta para moldear su ideología, reforzar su poder y afinar su visión del socialismo.
Una novela que revela la personalidad, compleja y siniestra, de Ilse Koch, que instauró junto a su marido un reino de terror en el campo de concentración de Buchenwald.
Durante sus años allí, Ilse Koch coincide con Helene Keller, esposa del subcomandante del campo. Entre ellas surgirá una «amistad especial» y Helene pronto descubrirá el magnetismo de frau Koch, que parece haber embaucado a hombres y mujeres con su reconocido encanto sexual, y su obsesión por los experimentos médicos con cuerpos humanos: cabezas reducidas de prisioneros o pantallas de lámparas fabricadas con piel humana, entre otras aberraciones.
La intensa relación entre Ilse Koch y Helene Keller convierte a esta última en testigo esencial de los horrores vividos en el campo. Finalizada la guerra, Helene consigue huir de Alemania y establecerse anónimamente en Estados Unidos. Sin embargo, un intrépido reportero descubre su verdadera identidad.
Basada en hechos y personajes reales, y documentada de manera minuciosa, La bruja de Buchenwald muestra la capacidad del ser humano para hacer el mal y la facilidad con que algunas personas pueden verse arrastradas como cómplices.