Poco se imagina el joven protagonista de esta novela que la chica de la que se ha enamorado está a punto de desaparecer de su vida. Se han conocido durante un concurso entre estudiantes de diferentes institutos, y no pueden verse muy a menudo. En sus encuentros, sentados bajo la glicinia de un parque o paseando a orillas de un río, la joven empieza a hablarle de una extraña ciudad amurallada, situada, al parecer, en otro mundo; poco a poco, ella acaba confesándole su inquietante sensación de que su verdadero yo se halla en esa misteriosa ciudad. De pronto, entrado el otoño, el protagonista recibe una carta de ella que quizá suponga una despedida, y eso lo sume en una profunda tristeza. Tendrán que pasar años antes de que pueda atisbar alguna posibilidad de reencontrarla. Y sin embargo, esa ciudad, tal y como ella la describió, existe. Porque todo es posible en este asombroso universo donde la realidad, la identidad, los sueños y las sombras fluctúan y escapan a los rígidos límites de la lógica.
William Blake poeta, pintor y grabador, nació el 28 de noviembre de 1757 en el barrio londinense de Soho. Expuso sus primeras acuarelas y grabados en 1771, y un año después entró como aprendiz en el taller de grabado de James Basire, donde pasó siete años. Del final de esta estancia data su etapa de simpatías revolucionarias. En 1782 contrajo matrimonio con Catherine Boucher y un año más tarde publicó su primer libro de poemas, Esbozos poéticos, al que siguieron Canciones de Inocencia (1789) y Canciones de Experiencia (1794), en las que expresa su creencia apasionada en la libertad de la imaginación. Esta fe visionaria se plasma de manera exuberante en El matrimonio del Cielo y el Infierno (ca. 1790) y en sus poemas proféticos, entre los que destacan El libro de Thel (1789), Visiones de las hijas de Albión (1793), las «profecías continentales»: América (1793) y Europa (1794), Milton (1804) y Jerusalén (1804- 1818). Blake dio a conocer estos poemas en pequeñas ediciones ilustradas con grabados de hermosa y sorprendente factura. Ignorado por sus contemporáneos, trabajó como grabador profesional hasta su muerte, el 12 de agosto de 1827.
Mafalda es, junto a sus amigos Felipe, Susanita, Manolito, Miguelito y Libertad, un símbolo de nuestra sociedad. Una niña inconformista, solidaria y sensible que nació en 1964, como decía Quino, como «una niña que intenta resolver el dilema de quiénes son los buenos y quiénes los malos en este mundo».
Desde el principio dio muestras de un gran espíritu crítico, y ya en sus primeras viñetas le construía un diván a su muñeca para psicoanalizarla. Hoy Mafalda sigue invitándonos a pensar, a huir del prejuicio, a amar y a soñar con un mundo mejor, y seguimos acudiendo a ella para conseguir entendernos a nosotros mismos y al loco mundo en que vivimos.
La historia más urgente de la tecnología moderna no comienza en Silicon Valley, sino hace doscientos años en la Inglaterra rural, cuando los trabajadores conocidos como los luditas se rebelaron para no morir de hambre a manos de los dueños de las fábricas que usaban máquinas automatizadas para aniquilar sus medios de vida. Los luditas organizaron incursiones guerrilleras para destruir esas máquinas —bajo pena de muerte— y consiguieron el apoyo de Lord Byron, enfurecieron al príncipe regente e inspiraron el nacimiento de la ciencia ficción. Esta lucha de clases, casi olvidada, sometió a la Inglaterra del siglo XIX.
Hoy en día la tecnología pone en peligro millones de empleos, los robots abarrotan las fábricas y la inteligencia artificial pronto impregnará todos los aspectos de nuestra economía. ¿Cómo cambiará esto nuestra forma de vida? ¿Y qué podemos hacer al respecto? Las respuestas se encuentran en Sangre en la máquina.
¿Qué sucede cuando Tertuliano Máximo Afonso descubre a los treinta y ocho años que en su ciudad vive un individuo que es su copia exacta y con el que no le une ningún vínculo de sangre? Ése es el interrogante que Saramago, explorando de nuevo las profundidades del alma, plantea en El hombre duplicado.
¿Cómo saber quiénes somos? ¿En qué consiste la identidad? ¿Qué nos define como personas individuales y únicas? ¿Podemos asumir que nuestra voz, nuestros rasgos, hasta la mínima marca distintiva, se repitan en otra persona? ¿Podríamos intercambiarnos con nuestro doble sin que nuestros allegados lo percibiesen?
'El mundo que se refleja inconscientemente en los textos que he escrito a lo largo de mi vida es, de alguna manera, un espejo de mi propio tiempo', afirma Gregorio Marañón. En este volumen el autor ha querido recoger piezas fechadas entre 1982 y 2025. En ellas aborda la política nacional desde un marcado espíritu de la Transición, un espíritu que añora porque contribuiría a combatir 'la desmemoria que no cesa'. También perfila un país a través de diversos retratos, a veces desde un prisma más familiar; otras, más empresarial. Y por supuesto está Toledo, esa ciudad tan querida, de un gran peso sentimental y simbólico para él. Todo ello se complementa con algunos textos dedicados a la experiencia del viaje, físico y metafórico. De manera que los textos exponen una trayectoria vital comprometida con unos principios.