William Wooler es, a primera vista, un padre y marido entregado. Pero ha estado teniendo una aventura que esa misma tarde ha tenido un horrible final en un motel de las afueras. Cuando regresa a casa, destrozado y enfadado, se sorprende al ver que Avery, su hija de nueve años, ha salido antes de la escuela y pierde los estribos.
Horas más tarde, la familia de Avery comunica su desaparición.
De repente, Stanhope ya no parece un barrio tan apacible. Y William no es el único que esconde una mentira. A medida que los testigos aportan información, que puede o no ser cierta, sobre la desaparición, los vecinos de Avery se muestran cada vez más desquiciados.
Margot Davies, desde niña, ha vivido atormentada por el caso de la pequeña January, una amiga de la infancia cuyo asesinato nunca fue resuelto. Veinte años después, convertida en periodista, se ve obligada a volver a su pueblo natal, un lugar opresivo del que siempre quiso huir, para cuidar de su tío enfermo. Poco después de su regreso, otra niña desaparece en circunstancias similares a las de January, y Margot deberá cubrir el caso para su periódico.
Sin embargo, obsesionada por los fantasmas del ayer, decide investigar ambos casos en paralelo, enfrentándose a una comunidad que no quiere remover el pasado. Cuanto más profundiza en su investigación, más resistencia encuentra y más lejos se siente de la verdad. ¿Está su obsesión llevándola a cometer errores en su trabajo, o está realmente tras la pista de un asesino? ¿Qué riesgos corre al desenterrar secretos ocultos durante más de dos décadas?
Alberto Savinio (Andrea de Chirico) representa una de las expresiones más afortunadas del Surrealismo. Savinio cuenta que un día de 1937, en Paris, André Breton le dio a leer un escrito suyo donde decía que tanto él como su hermano, el pintor Giorgio de Chirico, eran dos de las expresiones más importantes de ese extraño arte llamado Surrealismo. Palabras lisonjeras las de Bretón, pero que podrían confundir a los lectores de este peculiar escritor italiano. En todo caso el surrealismo de Savinio sigue sus propios cauces: «Mi surrealismo», dice Savinio, «como testimonian muchos de mis escritos y de mis pinturas, no se contenta con representar lo informe y con exprimir el inconsciente, sino en darle forma a lo informe y conciencia al inconsciente». Con estos cuentos, Alberto Savinio nos muestra una de las formas más originales del surrealismo.
Aquiles o El guerrillero y el asesino, la novela inédita de Carlos Fuentes, es un relato personal, fascinante y revelador sobre un episodio controvertido de la historia contemporánea de Colombia. Basándose en la biografía de Carlos Pizarro, uno de los jefes del movimiento guerrillero M-19, el autor dio forma en esta novela a un personaje carismático, lleno de luces y de sombras. Un Aquiles que, como los protagonistas de los poemas homéricos, se siente llamado a pasar a la acción y acaba enfrentándose a un destino inexorable que le esperaba paciente.
Un cautivador thriller histórico que atraviesa un siglo repleto de venganzas, incestos y batallas.
Novela galardonada con el Premio Planeta 2020.
«Actúa como un león. Arremete como un águila. Ejecuta como un escorpión.»
Año 1137. El duque de Aquitania —la región más codiciada de Francia— aparece muerto en Compostela. El cuerpo queda de color azul y con la marca del «águila de sangre», una ancestral tortura normanda. Su hija Eleanor decide vengarse y para ello se casa con el hijo del que cree su asesino: Luy VI el Gordo, rey de Francia.
Pero el propio rey muere durante la boda en idénticas circunstancias. Eleanor y Luy VII intentarán averiguar, junto con los gatos aquitanos —los épicos espías de los duques—, quién quiere a los inexpertos reyes en el trono.
Décadas antes de la muerte del duque de Aquitania, un niño sin nombre es abandonado en un bosque por sus cinco madres. Acaso un monstruo, o tal vez un santo, el pequeño superviviente acabará convirtiéndose en uno de los hombres más excepcionales del medievo europeo.
Suena el teléfono temprano con la urgencia de las malas noticias, y el narrador escucha a su hermano anunciar que su padre está infartado de camino al hospital. El hombre, admirado y amado por su hijo, había ido perdiendo la cabeza a manos de la ingrata vejez, y ese olvido y esa mirada extraviada despiertan en el protagonista la necesidad de contar la historia de ese trabajador humilde. Historia que no se puede contar sin la del barrio que los vio crecer a Gilmer y a sus hermanos, y la de sus habitantes que lograron eludir la fatal cuadra y sus improbables devenires, tan cargados de realidad colombiana como ningún otro.
Aranjuez se convierte así en el escenario de vidas complejas a las que la mirada sensible de Mesa dota de dignidad y esplendor, en la medida en que nos comparte el dolor profundo del hijo que observa los desvaríos de su padre.