“La esposa” es una novela romántica que narra cómo surge el amor entre dos personas de mundos sociales diferentes, un amor que prevalece contra todo pronóstico e incomprensiones, un amor que prospera a pesar de los temores e inseguridades que acarrean murallas sentimentales y hartos conflictos, un amor que permanece por encima de las trabas y la injusta distancia. Es un amor tan real, que algunos podrían creer que solo en otras épocas podría ocurrir, pero yo estoy convencida que amores como este existirán mientras los corazones humanos palpiten.
La vida en mi pequeño pueblo era tan estatica como
la de cualquier otro pueblo pequeño de mi país y de
América Latina, la movilidad era escasa, llegándose a
asumir que todos eran provenientes de una misma
tamilia
aunque los orígenes de cada habitante eran
tan distintos que con poco esfuerzo se pódía llegar a
la conclusion de que aquel no era un pueblo
sino un
resumen del mundo mi calle no era la excepción, todos los vecinos parecían haber unido sus destinos
al de la calle misma, cada uno era propietatio de su
en ella vivía; solo-los muchachos de vez en
cuando éramos capaces de violar sin miramientos la
privacidad de una distinta a la de nuestros padres-
en mucho tiempo no hubo ningún cambio
En el mes de febrero de 1805 el entonces autoproclamado
emperador de Haití, Jean-Jacques Dessalines irrumpió a la parte
este de la isla de Santo Domingo, en ese momento administrada
por los franceses bajo la gobernación del general Ferrand, con una
expedición cuyo fin era la unificación de la isla. Cuando llegó a
Santo Domingo cercó la ciudad por tres semanas, pero no pudo
apoderarse de la misma por la resistencia de los franceses y los criollos
españoles y la llegada el 26 de marzo, de la escuadra francesa del
almirante Missiessy. Dessalines ordenó la retirada hacia Haití,
pero a su retorno fue dejando un rastro sangriento con miles de
degollados y muchos pueblos convertidos en cenizas, cometiendo
en Moca y Santiago las mayores atrocidades.
-Hace años me preguntaste que podian dos hombres juntos: no hacen nada sobrenatural. La respuesta es amarse incondicionalmente, eso hacen. El amor no es explicable, sino inexcusable; es un descubrimiento, un suspiro inconsciente, un hechizo misterioso, indescifrable e irreversible; un estremecimiento, una ilusion que lucha por ser expresada y lo logra. El amor es inevitable, no requiere entendimiento; se posa pesada y autoritariamente sin que nadie pueda moverlo de lugar, ni el lugar mismo. No se muda; pueden pasar los años y no se muda.
José Miguel Soto Jiménez se proclama dominicano de “pura cepa” para reivindicar su derecho a realizar este estudio [La fuñenda], atinente a lo dominicano y a los dominicanos. Pero ¿quién puede cuestionar el conocimiento de la idiosincrasia dominicana que ostenta Soto Jiménez? Su enfoque es dominicanista y la materia de estudio es la dominicanidad, particulari- zada en el habla coloquial, sin que interesen cuestiones fónicas o vicios de dicción, puesto que parte de una visión sociolingüística, lo cual incluye examinar las relaciones sociales a partir de la lengua. En este caso, conocer y dar a conocer a los dominicanos a partir de lo que hablamos. En el Exordio que escribiera para este libro, Soto expresa lo siguiente: “Fuera del embrujo de la nostalgia y los dictámenes apremiantes de la historia, solo recojo aquí aquellos vocablos, frases, dichos y voces, algunos de cierta antigüedad y otros de origen relativamente reciente que se siguen usando inalterados o renovados en sí mismos, en su forma o su interpretación”.
Es la historia de un pueblo lleno de prejuicios y malos presagios, víctimas ignorante de las acciones de políticos y oportunistas que se aprovechan de su desgracia para sacar ventajas.